Aprovechando que hace poco me hicieron una entrevista y que ya había yo hecho el esfuerzo de sentarme a responderla, me animo a compartir algunas ideas acerca de la relación entre Europa y Latinoamérica (LATAM), tema de actualidad especialmente ahora que nos encontramos ad portas del fin de las negociaciones de: i) un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los 27 países miembros de la Unión Europea (UE) de un lado y Colombia, Ecuador y Perú por el otro y, ii) un Acuerdo de Asociación (AA) entre los países de América Central y la UE.
Yo catalogaría la relación entre ambos bloques de positiva y mutuamente beneficiosa. Para ello, dos ejemplos concretos: i) LATAM es proveedora de productos a la región Europea mientras los productos originarios de la misma no son de estación beneficiando así a los consumidores de la EU y a los productores de LATAM; ii) la lucha contra las drogas y el sistema del Sistema General de Preferencias (SGP): aunque con resultados concretos no tan positivos, se trata al menos de una herramienta para desincentivar la producción de bienes ilícitos garantizando un acceso al mercado Europeo sin aranceles para aquellos que migraron a la producción de bienes ‘legales’. En conclusión, más producción, más empleo, más ingresos para los países de LATAM mientras menos consumo de drogas en EU y menos gastos de salud.
A pesar que soy optimista, sería miope no darse cuenta que los vínculos políticos y económicos entre las dos regiones son susceptibles de ser mejorados aún más. Por ejemplo el intercambio comercial y la oferta de Inversión Extranjera Directa hacia LATAM son todavía incipientes. Y aquí es donde entra a tallar un asunto que considero crucial: la experiencia adquirida por la UE en su proceso de creación de un mercado común y cómo esta puede ser intercambiada con LATAM para beneficio de dicha región. Dos ejemplos: i) pérdida de poder de compra al no existir una moneda única en la CAN, ii) pérdida de potenciales beneficios debido a las economías de escala que se crearían de existir más integración. ¿Se imaginan que una materia prima o un bien intermedio pueda moverse dentro de la región (o al menos dentro de una subregión), de un país a otro para terminar siendo transformado en un bien de alto valor agregado sujeto de ser exportado a los más grandes mercados del mundo y todos los beneficios que ello traería sólo en términos de ingresos y empleos? Todos sabemos que esto no es aún posible y por ende el capítulo de cooperación por ejemplo dentro del AA es crucial para enfrentar ese reto.
Ahora bien, ¿cómo es la relación UE-LATAM para los líderes Europeos comparada a otras relaciones como por ejemplo con EE.UU., India, China u otras regiones/países? La respuesta no sorprende: no tan importante, pues a excepción quizás de Brasil no se trata de países con grandes mercados nacionales susceptibles de ser aprovechados por productores y exportadores de la UE. A esto se suma el hecho que no se registran tasas de crecimiento muy altas o estables en el tiempo (excepción: Perú y Chile, respectivamente) que hagan que haya un desarrollo en el tiempo. Sin embargo, LATAM se encuentra al mismo nivel que por ejemplo China o India en cuánto a falta de predictibilidad, transparencia y reglas claras. Puede sonar cruel pero ante los ojos europeos, quizás todos los países de LATAM son iguales y se les hace difícil diferenciarlos. El ejemplo del ‘golpe de estado’ en Honduras muestra claramente que no hay voluntad de analizar y entender las particularidades de cada país y/o situación.
Finalmente, creo que el gran marco que definirá las relaciones UE-LATAM para los próximos años será los respectivos TLC y AA que posibilitarán un gran incremento del comercio y los flujos de inversión. No olvidemos, sin embargo, de poner en marcha: i) las necesarias políticas de acompañamiento nacionales que permitan aprovechar al máximo dichos beneficios, y ii) las políticas de reconversión y diversificación para los sectores que se verán afectados por la apertura.




