by
Gonzalo Urbina
on Thu 23 Aug 2007 02:22 BST |
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Cosmos
En momentos de emergencia y desastre como el que se vive
actualmente se suele ver lo mejor y lo peor de las personas. Lamentablemente,
los dos efectos inmediatamente discernibles del terremoto fueron bastante ofensivos. El
primero fue la caída de las redes telefónicas. Muchos dirán que es normal y
hasta previsible que en caso de desastre se tenga una situación así, sin
embargo no lo es tanto. En los atentados del
11 de septiembre el uso de celulares fue restringido, pero igualmente
importante. Tanto así, que se registraron llamadas de personas desde Las Torres
que se comunicaron con sus familias por última vez. De la misma forma, personas
realizaron llamadas desde el cuarto avión (tanto de celular como
de los teléfonos del
avión). Las líneas estuvieron congestionadas, por supuesto, pero el sistema
telefónico funcionaba. La mayoría de empresas de comunicaciones, con esto en
mente, bloqueaba un porcentaje de llamadas entrantes a NY y priorizaban
llamadas locales y de larga distancia salientes (incluso AT&T dejó de
cobrar por estas). Naturalmente, los servicios de emergencia contaban con
circuitos independientes y siempre abiertos. Y esto es considerando que muchas
celdas y cables telefónicos estaban dentro de Las Torres.
En Lima
no hubo servicio telefónico medianamente normal hasta el día siguiente al
terremoto. Los celulares prácticamente dejaron de funcionar en todo el Perú. La
respuesta de Telefónica es bastante vergonzosa, básicamente argumentan que si
todas las personas que pagan por su servicio celular lo usan al mismo tiempo la
red colapsa. Para algunos esto todavía puede
considerarse una premisa normal, pero evaluémosla desde una perspectiva un poco
diferente. Qué pasa si uno decide comprar un boleto de avión y cuando llega al
aeropuerto se entera de que no hay sitio. ¿Aceptaremos como respuesta “bueno, si todas las personas
que compran un boleto para este vuelo vienen, naturalmente no habrá sitio”?.
Definitivamente no, esperaremos una compensación económica (que es normal en
casos de sobreventa y usualmente equivalente a otro pasaje como el que hemos comprado más hospedaje y
comida mientras se espera el siguiente vuelo) y probablemente, según el
carácter de cada uno, haremos un pequeño escándalo. ¿Qué pasaría si el pasaje
era para un viaje de emergencia? Salvo en una zona de desastre, donde la
infraestructura se puede haber visto dañada, no hay ninguna razón para que durante
una emergencia no se cuente con servicio de comunicaciones; congestionado
quizás, pero funcional.
El segundo efecto inmediatamente discernible
fue el alza de los pasajes. Para el transporte urbano, las combis llegaron a
cobrar hasta 5 soles en Lima; mientras que en transporte interprovincial, Soyuz
y Flores
aumentaron el costo de sus pasajes a la zona de desastre. Así es la solidaridad
de algunos peruanos y francamente no hay mucho más que se pueda decir de este
segundo punto.
Hablamos todos de solidaridad, pero creo yo
que como país
no hemos logrado la respuesta que nos gustaría. Quizás no hay mucho que
reprocharnos a nosotros mismos, pero es increíble ver cuántos casos hay de
personas que se aprovechan del
infortunio de otros. Personal de gobiernos locales y regionales
robando donaciones, personas saqueando en la zona de desastre o donaciones de comida con propaganda
política, por mencionar
tres para las que encontré un enlace. Muchas personas
están mostrando su lado más humano, pero igual nos encontramos con una cantidad
importante de indeseables que, en este momento de tanta necesidad, se esmeran en mostrarnos que
la falla tectónica sobre la cual estamos no es nada comparada al cisma sociocultural
en el que vivimos.