No pretendo restarle atención a la urgencia de la ayuda para los más necesitados. Pero ya hay muchos reportando sobre esto y yo quisiera llamar la atención sobre un aspecto de la respuesta que no debemos dejar de lado.
Como parte del proceso de respuesta y reconstrucción del terremoto del Sudeste Asiático en 2005, se llevaron a cabo una serie de procesos de aprendizaje, entre los que se incluyen un par de documentos de trabajo sobre las lecciones que se podían aprender de otras experiencias similares. Estas lecciones deben incorporarse en la experiencia peruana. Es imposible saber cuando nos golpeará otro terremoto; pero si es posible estar preparados para que los efectos de un evento como este sean los mínimos y para que los más vulnerables no sean los más afectados –como siempre.
Cada réplica debe ser un llamado a buscar un sistema de emergencia, respuesta y reconstrucción que nos deje dormir tranquilos. El costo de no estar preparados puede generar retrocesos en el desarrollo de país. Imaginémonos que las heladas que sufre la sierra sur todos los años no afectasen la capacidad productiva de los pobladores de la zona. O que el Fenómeno de Niño no requiriese media década de gastos de reconstrucción.
Es importante, por ello, que la respuesta al terremoto no ‘acabe’ con las acciones directamente relacionadas con el rescate o la reconstrucción. Hay que demandar y facilitar un proceso de aprendizaje que incorpore a los distintos actores involucrados y cuente con el apoyo de organizaciones y expertos nacionales e internacionales.
Aprendizaje no es lo mismo que fiscalización. Seguramente habrá muchas de iniciativas de fiscalización cuando se calme la cosa y sea más aceptable criticar al gobierno y a las ONGs que actualmente hacen lo que pueden con lo que tienen.
De las experiencias de otros países e intervenciones podemos rescatar algunas lecciones que podrían ser relevantes para este y futuros eventos en el Perú. (para mayor detalle de estas lecciones ver los siguientes documentos: Lecciones 1, Lecciones 2), en inglés)
- Una respuesta efectiva requiere un excelente conocimiento del contexto local –para ello es importante que el proceso de planificación para la prevención y respuesta incluya un análisis de las necesidades de las comunidades en riesgo.
- La focalización en ciertas poblaciones debe responder a un estudio de las necesidades de las mismas, un proceso continuo de consulta y participación. Es importante también que las distintas agencias involucradas coordinen y se enfoquen en las poblaciones más necesitadas.
- Los más pobres y vulnerables requieren más apoyo ya que los efectos son más duros para ellos.
- La respuesta debe ser multi-sectoral e integrada para que: el apoyo requerido por los gobiernos no sea vea afectado por los llamados por donaciones de las ONGs o personas; para que los procesos de rescate y recontracción evolucionen de acuerdo a las necesidades de cada comunidad; los grupos más vulnerables y marginales no sean olvidados; los técnicos y expertos necesarios para estos procesos sean claramente identificados y estén a disposición de las agencias que los requieren; etc.
- Es importante que exista un proceso continuo de monitoreo y aprendizaje (y que no se deje esto para el final) ya que muchas de las lecciones aprendidas deberían ser incorporadas de inmediato.
- No es suficiente ofrecer un tipo de alojamiento temporal para todos sino que estos deben responder a las necesidades de ciertos grupos. Deben, además, existir estándares mínimos para este tipo de viviendas así como para la manera en la que se trata a los afectados.
- Existen lecciones sobre la logística en todas las intervenciones de emergencia. En especial es importante tener opciones para llevar los víveres y equipos de rescate a las zonas afectadas. Pero es igualmente importante tener opciones locales preparadas para responder de manera inmediata mientras que se solucionan los problemas logísticos.
- El manejo y la coordinación con los medios es importante para que los beneficiarios y aquellos que pueden apoyar sean parte de un sistema integrado.
- Hay que planear e implementar una estrategia para vincular la tarea de reconstrucción con los procesos y estrategia de lucha contra la pobreza
Existen otras lecciones relacionadas con la reducción del riesgo (a manera de prevención y mitigación de los efectos negativos que un terremoto o una inundación pueden tener) que son importantes:
- Cuando existen riesgos persistentes es importante buscar generar estándares mínimos –por ejemplo, en la construcción de viviendas
- La capacidad para el manejo y gestión de riesgo a nivel comunitario puede ser altamente útil cuando los medios de comunicación y acceso a ciertas localidades son escasos.
- De alguna forma, la reducción de los efectos negativos se puede lograr ayudando a fortalecer las capacidades económicas de las comunidades y poblaciones en riesgo ya que podrán enfrentar los costos iniciales de reconstrucciones con mayor seguridad y holgura.
Finalmente, hay que repensar el sistema institucional que existe para determinar si tiene la capacidad de incorporar estas (y otras) lecciones.
La tragedia que golpeó al Perú la semana pasada y que ha costado ya más de 500 vidas no debe sorprendernos. Debe sorprendernos que un país, que le debe casi todo (su clima, su geografía, su historia, inclusive) a una madre naturaleza que nos sacude casi todos los años, no esté preparado. Y por esto no estoy sugiriendo que la responsabilidad es únicamente del gobierno. En los últimos días han aparecido decenas de cuentas bancarias donde depositar nuestras donaciones. Hay cientos de personas y organizaciones preparando convoyes para llevar frazadas y víveres a las victimas en Ica. Todo esto está bien, porque no podemos criticar las ganas de ayudar. Pero, tal y como sucedió en Indonesia y en Pakistán hace unos años, todas estas iniciativas pueden crear más caos que ayudar.
Esta es una de las principales lecciones aprendidas de procesos de respuesta a emergencias. Por ello existe un organismo coordinador de todas las ONGs en el Reino Unido –ello ha reducido los niveles de filtración, sub-cobertura y yuxtaposición de la ayuda. Esto deberíamos haberlo aprendido ya
La responsabilidad es de todos (si el terremoto hubiese sido frente a las costas de Lima, ¿quién estaría abriendo estas cuentas y organizando las donaciones?). Todos deberíamos saber qué rol nos toca jugar en caso de una emergencia. Por lo pronto, podemos hacer lo que se pueda. Pero igual de importante es que prestemos atención a las lecciones que debemos aprender para la próxima vez. Porque, no nos engañemos, en el Perú siempre habrá una próxima vez.




