Estoy en Lima desde el viernes pasado, pensando en algo sobre qué escribir. Se me ocurrió Lima me iba a inspirar de inmediato. Pero más que inspirarme, me llenó de temas e ideas que no hicieron más que confundirme.

 

Pensé escribir sobre los cambios que noto cada vez que regreso. Pero de eso escribo siempre. Y ya los cambios no son tan dramáticos como cuando regresé hace un par de años.

 

O sobre un programa de comercio y pobreza en el que estoy trabajando y en el que el Perú es uno de los estudios de caso. Es un programa muy interesante que busca mejorar el diálogo de políticas comerciales introduciendo temas que normalmente quedan al margen: por ejemplo, género, poblaciones indígenas, zonas rezagadas y pymes. Pero estoy de vacaciones y prefiero no pensar tanto sobre mi trabajo.

 

Hoy, el Comercio reporta la noticia que el MEF espera un crecimiento de 7% promedio hasta el 2010 –suficiente, afirman, ara reducir la pobreza al 40% (de más del 50% de hoy en día). Me llamó la atención el hecho que se hubiese hecho explícita la relación entre un mayor crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Esto es nuevo. Es una mejora de los días en los que se hablaba del goteo. Un mejor significativa.

 

Existen, por supuesto, aquellos que piensan que el crecimiento estimado por el MEF es demasiado optimista. La sobre-oferta de departamentos en Chacarrilla, por ejemplo, me hace recordad de los meses previos a la caída del sector en la segunda mitad de los 90s. Y las inversiones y viajes ‘de negocios’ de la China en África sugiere que Latino América tendrá una nueva y más barata competencia en el sector de recursos naturales del que ha tenido antes.

 

Pero lo que me preocupa son dos temas de los que aún no se habla (o escribe) lo suficiente en el Perú: la inequidad y el calentamiento global.

 

El MEF estima una caída en la pobreza pero no hace referencia a una caída en la inequidad. Los sectores de mayor crecimiento, y que serían el motor de la economía son intensivos en capital –no en mano de obra. La mano de obra que requieren es especializada (calificada) y por lo tanto no benefician a los más pobres. El problema con la inequidad es que si empezamos con una situación muy desigual (como la que tenemos en el Perú) altas tasas de crecimiento tendrán un efecto negativo sobre nuestros esfuerzos por reducirla. Las políticas paliativas o llamadas re-distributivas del gobierno (que quedan, erróneamente, de la mano de los sectores sociales –cuando le corresponden a todo el Estado) no podrán combatir las fuerzas del mercado que se encargará de reforzar no solamente el nivel sino la estructura de las instituciones que promueven y sostienen la inequidad.

 

El Perú es uno de los países más desiguales en continente más desigual del mundo. (Aunque África sub-Sahariana parece estar pasándonos –pero eso sólo sería una buena noticia si la cosa mejorara acá.) Esta inequidad se puede ver de varias maneras. Según el CIUP:

 

Los niños que viven en hogares del quintil más pobre de la población tienen 46% de probabilidad de sufrir de desnutrición –mientas que aquellos que viven en los tres quintiles más ricos, solamente 8%.

 

El 13.9% de los niños nacidos de mujeres sin educación mueren antes de los 5 años –mientras que esto solamente le pasa al 3.3% de los niños nacidos de madres con educación secundaria o superior. La diferencia es similar cuando miramos los quintiles de ingreso (10.5% en el quintil más pobre y 3.2% en los dos quintiles más ricos).

 

Pero la inequidad no es solamente relevante cuando consideramos diferencias en el ingreso o acceso a ciertos servicios y bienes públicos básicos. Geográficamente, el Perú es dramáticamente desigual. Por ejemplo, la tasa de desnutrición crónica de Lima en el 2005 apenas bajó la línea del 10% -mientras que en Huancavelica fue de más del 50%.

 

Reducir la inequidad no es reducir la pobreza. Entre 1999 y 2005, la tasa de desnutrición ha caído pero ha caído mucho más en los departamentos con menores niveles que en los que sufrían de mayores tasas de desnutrición. Es decir, los más pobres, los más vulnerables, se benefician menos que los que estaban mejor. Pero no solamente un poquito menos; se benefician un montón menos –mucho menos.

 

Reducir la inequidad es más difícil que reducir la pobreza. Y es justamente la inequidad la que va a jalar el crecimiento hacia abajo. Los costos que conllevan las tensiones económicas, sociales y políticas de la inequidad pueden cancelar los avances en el crecimiento económico. Todo esto lo ha documentado con modelos, fórmulas, corridas econométricas y números el Banco Mundial es su reporte: Círculos Virtuosos y Viciosos. 

 

El modelo de crecimiento que el MEF presenta como evidencia de crecimiento (en su nuevo Marco Macroeconómico Multianual) no sugiere un cambio lo suficientemente radical para combatir la inequidad de frente. Al los riesgos de retroceso que alude Apoyo habría que incluirle el de los costos que implicará el aumento de la inequidad en los próximos años.

 

El segundo tema que no se ha tocado es el del calentamiento global y los cambios climáticos que, en un modelo de crecimiento que parece depender del uso y abuso de recursos naturales y el espacio (que requiere recursos naturales).

 

El tema del calentamiento global es uno sobre el que el Perú no puede hacer, aparentemente, gran cosa pero que nos puede afectar mucho. Según los últimos estudios sobre el Calentamiento Global de las Naciones Unidas y el Gobierno Británico, un aumento de dos o tres grados en la temperatura promedio (que es lo que se espera en los próximos 50 años –y este es el estimado conservador) derretirá los glaciales de los Andes peruanos secando los valles que alimentan la sierra y la costa. Unos cuantos grados más secarán lo que quede del Amazonas –después, claro, que hayamos vendido una buena parte.

 

Así, pues, no importa el crecimiento que tengamos si este contribuye a calentar nuestra temperatura y contaminar nuestro país al punto que se acabe el agua y los recursos de los que dependen millones de peruanos –en especial los más pobres.

 

Sin agua, no hay crecimiento que valga. No hay re-distribución que sirva. Como ya esta sucediendo en otras partes del mundo (en Camboya, por ejemplo) la inequidad, combinada con sequías está desencadenando nuevos procesos de violencia económica, social y política.

 

Me llama la atención que este no se una tema más popular en las primeras páginas de los periódicos peruanos. Es un tema fácil de vender. Es fácil meter miedo con visiones apocalípticas del futuro no tan lejano.

 

Ambas, la inequidad y el calentamiento global pueden destruir los planes del MEF.

 

En todo caso, aún si alcanzamos la meta del MEF de reducir la pobreza del 50% al 40% estamos lejos de alcanzar la meta que el Perú se fijó para el 2015 de reducir la pobreza a la mitad cuando firmo la Declaración Universal de los Objetivos del Milenio.

 

Estamos avanzando pero queda mucho por hacer. Y lo que falta va a ser más difícil.