Trahtemberg tiene razón en su preocupación sobre la competitividad de los jóvenes peruanos pero se enfoca en el problema equivocado. Una reforma educativa no nos va a salvar.
El Perú, como otros países de la región y otros países de otras regiones, se está beneficiando de un boom en la demanda de materias primas. No hay cómo escapar de esto. Pero sí hay que cambiar la forma en la que administramos los nuevos fondos. Mejor aún, la revolución vendrá cuando aprendamos a redistribuirlos.
La abundancia de mano de obra y capital en la China (y la India) implica que ni el Perú (ni los otros países de la región ni de África ni Asia) podemos competir contra los chinos en manufacturas. El camino recursos naturales, manufacturas, servicios está cerrado. Hay que buscar otro camino. Varios estudios (en IDS por ejemplo) ya han venido sugiriendo esto.
Los servicios no van a solucionar nada. En la India, los 'call-centres- no reducen la pobreza. Y en el Perú, los servicios en los que somos competitivos no le sirven a los pobres como oportunidad de empleo (finanzas, turismo, comercio, etc, no son redistributivos). El outsourcing no nos va a salvar. Ni ha salvado a la India, ni a China, ni a Tailandia (que vive bajo dictadura), ni a Vietnam.
¿Qué podemos hacer? ¿Qué nos queda? Seguir con lo de las materias primas, administrarlas mejor, desarrollar políticas redistributivas que eliminen la inequidad y le den acceso al mercado a los 13 millones de peruanos pobres (ampliando el mercado interno, de paso)... ¿Es este el modelo de desarrollo que nos queda? ¿Hay otro?
Trahtemberg se olvida que el Perú es un país en el mundo. No es el único país pobre. No vivimos en un modelo de dos países; uno rico y uno pobre. Competimos contra cientos de otros países. Muchos, casi todos los países en desarrollo, se enfrentan al mismo dilema y están teniendo el mismo debate. Yo los he escuchado.
Los jóvenes de India, Vietnam, Tailandia y Filipinas que están aprovechando el outsourcing no son pobres. Los pobres en las Filipinas trabajan de empleadas/esclavas en Corea, Singapur y España. En la India los pobres se arrastran en las calles; son los 'intocables' -literalmente intocables porque nadie los toca (este es el país de las castas). El outsourcing no nos va a sacar de la pobreza.
Irlanda no llegó al nivel al que llegó solamente por una reforma educativa sino porque se atiborró de fondos de la Unión Europea y desarrolló estrategias de país completas para atraer inversiones. (Lo mismo pasó con España y Portugal cuando se unieron como los pobres del continente –y lo mismo está pasando con los nuevos países, incluída la República Checa). Y en todo caso se han visto beneficiados por estar al lado del resto de Europa que tiene la plata. Claro que ahora se les están escapando los inversionistas por los altos niveles impositivos. Y lo único que tiene Irlanda de parecido al Perú es que los irlandeses dicen que la papa es originaria de su isla. De la República Checa y Finlandia, no se me ocurre que puede ser comparable con el Perú.
Reformemos la educación peruana para que los peruanos aprendan a pensar por su cuenta. Para que sean originales y capaces de enfrentar este, el principal, problema al que nos enfrentamos. Bueno, el segundo problema si consideramos el calentamiento global y los cambios que se nos vienen en el clima (y las sequías y deshielos y pérdida de recursos naturales). Pero digamos que la pregunta sobre el camino de desarrollo es muy importante. Sin duda más importante, o por lo menos debe ser respondida antes, que la de la dirección que debe seguir nuestra educación. Porque no sirve de nada preparar a nuestros jóvenes para 'call centres' si los españoles van a llamar a Guinea Ecuatorial donde también hablan castellano y la vida humana no vale ni un décimo de lo que vale la peruana. Hay que educar para pensar no para contestar teléfonos via Skype.
Y para acabar, al Perú no le falta capacidad informática: es, de hecho, el país con más cabinas de Internet per cápita. Pero el Internet nos conecta al mundo. Y el mundo es grande, muy grande.