¿Qué la hace una ciudad tan atractiva al turista? No puede ser solamente los precios (desde Londres, Buenos Aires se siente gratis). Ni son los edificios, la arquitectura. Ni los parques. Ni la música de primera y las películas. No son solamente las 20 o más librerías que uno pasa en lo que camina de Florida con Paraguay a Callao con Corrientes. No son los museos y los teatros. No es tampoco la cultura del diseño. No son los buses que pasan y pasan por sus rutas y paran en los paraderos. No es el Subte. Nos son los trenes. No son los taxis con taxímetro que te llevan a donde tienes que ir sin tener que parar a preguntar o sacar un mapa. No son ni siquiera las playas en San Isidro –ni siquiera Peru Beach. NO es el fútbol, la pelota.
Lo que hace de buenos Aires tan atractiva, lo que la hace tan atractiva para mi es que en Buenos Aires hay basura en las calles. Las veredas, varias, están rotas en las esquinas y las curvas –como si lo hubiesen estado durante mucho tiempo. La polución en Buenos Aires es de las peores que conozco. El ruido en Corrientes es casi insoportable –Corrientes es mas ruidosa que el Tube de Londres. Lo que la hace atractiva es que en Buenos Aires también hay robos y secuestros al paso (Express como los llaman los porteños). Es la corrupción que se huele en el aire. Son los piquetes y los piqueteros. Es la memoria de la crisis que los tiene a todos aterrados y con la cabeza baja.
Buenos Aires es Latino América y no es Latino América, todo al mismo tiempo. Es la ciudad más europea de América, como les gusta decir; y es la más Americana también.
En el resto del continente nos encanta decir que los argentinos son patanes. Pero en realidad los que son patanes son los porteños, no los del resto del país. Y en realidad, no son patanes. No en Buenos Aires. Ahí cualquiera se ve abrumado por la arquitectura, los parques, el arte, el diseño, servicios públicos que mal que bien funcionan y un aire general de desarrollo que sólo basta ver la TV para saber que no existe en ningún otro lado del continente. O que no esta tan bien presentado.
¿Cuántos podemos reconocer Santiago –a no ser por la nube negra de smog que la cubre? De Buenos Aires conocemos Caminito, la Bombonera, el Ateneo, el Obelisco, el Cementerio de la Recoleta. Hemos crecido riendo con Porcel, con Pablo y Pacho y sintiendo el fútbol con Korol. De alguna forma, de alguna manera, Argentina, o la imagen de Buenos Aires como Argentina, se ha metido en nuestro propio subconsciente cultural. Les exportamos la tecnocumbia y nos la devolvieron. Los cigarrillos, las cervezas, los carros y hasta las cuentas bancarias nos las venden las argentinas que se plantan de anfitrionas y modelos en cuanto evento, cartel y comercial existe.
A Santiago no lo conoce el que no ha ido. A Buenos Aires lo tenemos grabado desde chicos. No tanto como los gringos con su invasión mediática pero para un país que en el fondo (en el fondo, si) es tan Latinoamericano como el Perú… ¿Cómo es esto posible? Esto es lo que me llama la atención, me atrae de Buenos Aires. Como son desarrollados y subdesarrollados al mismo tiempo. Como combinan lo mejor y lo peor de ambos mundos. Como lo juntan todo para que no le moleste al turista lo malo y se acuerde solamente de lo bueno.
Lima está encontrando su nicho. La comida. Se convierte, de a pocos, en la ciudad culinaria más importante del continente. Comer en Lima será como pasear en la Recoleta. ¿Cómo combinarlo todo? Lo elegante con lo autentico. Lo casero con lo profesional. La sobremesa con la eficiencia. ¿Cómo ser parte de la ruta global de restaurantes y seguir sirviendo a peruanos?




