Hoy, el Seminario Anual del CIES culminó con un debate sobre Comercio y Pobreza. Después de un inicio auspicioso propiciado por las declaraciones del Premio Nobel, Joseph Stiglitz, la semana ofreció ideas verdaderamente importantes.
El miércoles, Jorge Bernedo del PNUD presentó un argumento clarísimo sobre las causas de la creciente inequidad y precariedad del crecimiento económico que vive el Perú. Un crecimiento que, sobre la base de su análisis, es superficial e insuficiente para conducir a una reducción de la pobreza y la inequidad. En su análisis, presentó cifras del gobierno que muestran como el crecimiento económico no se ha visto acompañado por un crecimiento en los sueldos y salarios (algo que se observa en economías industrializadas como la de Estados Unidos o Gran Bretaña). De hecho, estudios de las Naciones Unidas y el London School of Economics (algunos presentados hace casi media década) coinciden con la conclusión de Bernedo, Pedro Francke y Francisco Verdera (los otros panelistas del debate sobre crecimiento y pobreza) de que el propio modelo económico que sigue el Perú desde la reforma de los 90s, en conjunto con cambios demográficos y contextuales (internos y externos), es el principal generador de inequidad.
Waldo Mendoza (de la Universidad Catolica y el Programa COPLA) coincidió con Bernedo argumentando que en el Perú, la pobreza es básicamente rural (que se ha mantenido y hasta aumentado en los últimos años de crecimiento). Mendoza ofreció un argumento bastante claro:
-No es la apertura comercial sino el liderazgo de las exportaciones lo que condice al crecimiento económico.
-Los ingresos de los hogares rurales dependen en su gran mayoría (84%) de sus actividades económicas –y no del Estado.
-Por lo tanto, el canal de transmisión entre la política comercial y la pobreza son, principalmente, el mercado de bienes agropecuarios y el merado de trabajo rural.
-Hoy, la política comercial es casi sinónimo con el TLC.
-El TLC (con Estados Unidos, en este caso) tendrá un efecto marginal sobre las exportaciones peruanas (ya que en su gran mayoría estás ya se han logrado como parte del ATPDEA) pero significativo sobre las importaciones.
-Muchas de estas importaciones (especialmente en productos agrícolas) son bienes sustitutos de los productos agrícolas no-transables que producen los pobres rurales (olluco, papa, etc.).
-Una mayor oferta de estos reducirá sus precios en el mercado local; y esto reducirá los precios de sus sustitutos.
-Una reducción de precios de estos llevará a una reducción de ingresos para los más pobres.
Tanto, los panelistas del debate sobre comercio y pobreza como del de crecimiento y pobreza acordaron que el modelo actual genera inequidad y beneficia a los más ricos (a los que tienen voz en el diseño de las políticas). Y que la solución es el diseño y la implementación de políticas de Estado integrales que incluyan políticas compensatorias y complementarias (y no proyectos sociales paliativos) dirigidas a los más pobres (rurales, en zonas rezagadas, poblaciones indígenas, las mujeres pobres, los trabajadores no capacitados, etc.). Esto debe acompañar un proceso de desarrollo de una economía exportadora (intensiva en mano de obra) de valor agregado.
Es importante que no olvidemos el horizonte en este debate. La economía de Estados Unidos, con la que nos estamos enganchando, se enfrenta a una recesión que afectará a las exportaciones no tradicionales (justamente las que son intensivas en mano de obra) –sin hablar del dólar barato con el que muchas empresas exportadoras han sido forzadas fuera del mercado, según ADEX.
Más aún, el rol del Estado es crucial. Las historias de éxito (en todo el mundo) reconocen que la única lección replicable es la existencia de un Estado fuerte; capaz de planificar e implementar políticas integrales.




