Alan García se declara contrario a la Corte Inter-Americana de DERECHOS HUMANOS. Pero exige que los inspectores laborales actúen con firmeza y velen por los DERECHOS HUMANOS de los trabajadores.

 

Su discurso de batalla fue durante mucho tiempo “el que no la debe no la teme”. Pero no dijo esta boca es mía en el caso de los campesinos detenidos por supuesto terrorismo –sin que alguno de ellos la debiera.

 

Se presentó como el candidato –el Presidente- de los pobres, con propuestas políticas anti-neoliberales –intervencionistas inclusive. Pero se ha esforzado más de lo necesario en apaciguar a los asustadizos empresarios extranjeros y a sus empresas extractivas.

 

Habló sin parar de la justicia social y la grandeza del socialismo moderno europeo. Pero no dudó en promover la única política que une a Europa: la prohibición de la pena de muerte.

 

No es cosa de “divídelos y vencerás”; sino de “confúndelos y vencerás”. ¿Qué es García? Es de izquierda, de centro, de derecha. Es un poco de todo. Algo para todos. Es lo que le gusta a la gente –y a la ‘genti’. ¿Un Tony Blair que jugó a crear confusión en el medio para derrotar a sus contrincantes? A Blair le ha servido para mantenerse en el poder casi interminablemente –pero ha desatado una ola de radicalismo (sobre todo en la derecha) que no habría existido si los Conservadores, hubiesen podido mantener su sitio en la derecha moderada. Al eliminar las diferencias, Conservadores y radicales se han tenido que radicalizar aún más para crearlas.

 

Pero gobernar confundiendo es peligroso. Si no podemos prever lo que se viene no podemos planear. Si no podemos planear no es fácil arriesgarse; invertir; apostar por un futuro. ¿Pero qué futuro? ¿Hacia dónde apunta García?

 

¿A un Chile, a un Brasil, a una Costa Rica, a una Francia, a un Perú? ¿Qué Perú? ¿El Perú de quién?