Brasil, Chile… no te quedes ahí. Una visita a Uruguay, un paseo por Buenos Aires. Un apretón de manos con Bolivia. No le des el visto bueno a Uribe (link a violaciones de derechos humanos en Colombia). Pero sí mándale un saludo a López Obrador. Y así vamos juntándonos. Apretujándonos. Venezuela es un caso cerrado, no se puede con Chávez. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Que nos sirva de ejemplo, y que el dominio civil sea siempre un dominio civil. Nada de milicos en los ministerios. Los milicos para defender las fronteras. Punto final a la discusión. Latinoamérica es grande, solo tiene que aprender a decidir, dicen los Prisioneros. No seas un prisionero como los demás, como nunca, tienes la opción de decidir. Hay espacio para maniobrar. Para negociar. Hay tiempo. Hay plata. Úsala bien para que alcance cuando falte. Aprender a decidir es difícil. No es fácil, pero no estas solo. Hay alternativas, están escritas, discutidas, probadas, y son muchas. Es cuestión de escuchar, de abrirle las puertas a la sociedad civil, que vive y soluciona los problemas a diario. Que tiene las alternativas a la mano. Que prefiere mil veces trabajar con el gobierno que enfrentarse a él. Ser popular no tiene nada de malo, gobernar para el pueblo no tiene nada de malo, gobernar para la mayoría, para las masas, no tiene nada de malo. Gobernar para unos pocos, no soluciona nada. Sólo patea el problema hacia delante. No confundas un populismo desde arriba con un populismo desde abajo. El populismo desde abajo promueve políticas que le sirven al pueblo, que ayudan y protegen a los pobres, que defienden sus intereses, que respetan sus derechos, que refuerzan sus identidades, celebran sus culturas, tradiciones. Que vienen desde las bases. Si no están mejor, ellos, no estamos mejor, todos. Porque no solamente son la mayoría sino que además son el combustible, las piezas claves, el motor, los engranajes, las ruedas, los aros, los asientos, las puertas, las luces, los circuitos, las lunas, el tablero; sin el carro el piloto no va a ningún lado. Y en Lima no nos gusta caminar. Manejamos a todos lados. Cómodos, aislados, detrás de la luna automática, de los olores, de las manitos en las ventanas, de los gritos, del humo, del calor, de la humedad, del tráfico, del Perú. Con rejas y tranqueras y guachimanes y alarmas. No gobiernes para ellos. Que ya tienen educación y salud y nutrición y seguridad; y te lo van a agradecer cuando sus trabajadores sean más educados y más productivos y les compren más cosas. No te olvides del capital humano del resto que sin educación, sin salud, sin nutrición no se beneficia del crecimiento. Que se queda afuera, de espectador. Pegando las narices a la ventana de los nuevos restaurares de Lima, como si en un cuento de Dickens. Hay que corregir el gasto público para que sea todo gasto en desarrollo. El gasto social es por ahora un simple gasto residual, un acto de limosna. Hay que hacer de la pobreza y la eliminación de sus causas la prioridad número uno. ¿Quieres ser un presidente popular? Mejor ser un presidente valiente. Que enfrentó la apatía y la negligencia. Que se embarcó en una guerra larga para acabar con todas las batallas sin sentido de las políticas sociales paliativas con las que mantenemos a los pobres pobres; alimentando ese nivel de vida al que nos hemos venido a acostumbrar –mediocre porque en nuestra riqueza estamos rodeados de miseria y nos contentamos con ello y nos hemos vuelto moralmente pobres. Nos hemos olvidado que el Perú es un país de contrastes; algunos hermosos otros intolerables. El Perú es un país enormemente desigual –en oportunidades y en ingreso. No te olvides que los que saltan más alto alcanzan las frutas que los que saltan menos, porque les faltan fuerzas. Y que los que tienen escaleras se las comen todas mientras los otros calientan allá abajo para no estirarse un músculo en el salto. En el Perú hemos visto todo tipo de ‘habas cocinándose’  y de alguna forma u otra nos las comemos al final del día. No se trata se buscar otra variedad más o quedarnos con las habas que más nos gustaron sino de cocinar alguna otra cosa. Cuy, maíz, papas, camote, un ají de gallina, un cebiche, algo nutritivo pero rico. Tenemos tanto, decimos tanto, tantas veces. Pero nos quedamos en eso. En decir, mientras que se llevan lo que tenemos y lo explotan y lo usurpan. Un gobierno que quiere defender al pueblo peruano debe defender a la propiedad, los recursos, los valores, el stock genético, el clima, los paisajes, las culturas, los idiomas y dialectos de los peruanos. Un gobierno de los peruanos para los peruanos debe empezar por reconocer el estado en el que estamos y atacar de frente a la inequidad y los procesos de explotación que se adhieren al Perú como parásitos a un niño desnutrido. Y cuando vengan las vacas flacas tendremos 28 millones de peruanos (por lo del crecimiento poblacional) bien educados, bien nutridos, saludables, con ideas, ganas y oportunidades de seguir adelante. Y, quien sabe, las vacas flacas no vendrán nunca más.