La Asociación Médica Peruana anunció que niños y niñas en edad de lactancia están siendo utilizados en experimentos de variedades transgénicas de arroz, con el visto bueno del Ministerio de Salud, por una firma transnacional. Esta es una práctica común entre las firmas transnacionales; en especial entre aquellas dedicadas al desarrollo de organismos transgénicos y las farmacéuticas.
Los que se animaron a ver la película El Jardinero Fiel se habrán enterado un poco del asunto. Los que leyeron el libro, aún más. Las drogas que se usan en el llamado ‘occidente’ o ‘norte’ son sistemáticamente probadas en el ‘sur’. En países en desarrollo como el Perú. La falta de controles, la incapacidad del sistema legal de salvaguardar los derechos de sus ciudadanos, la exclusión en la que viven cientos de miles de personas, la ignorancia, la desesperación, el hambre, la existencia de tantas enfermedades y otros factores, hacen de estos países el paraíso de las transnacionales.
Pruebas médicas en seres humanos en el Reino Unido pasan por procesos larguísimos y solamente se llevan acabo después de haber sido probadas en animales. Para probar un medicamento es necesario que la persona que lo recibe este al tanto de todos los riesgos que ello implica y que de su consentimiento en un contexto de libre elección. Los incentives económicos que se ofrecen, por ello, no pueden ser elevados ya que la principal razón de participación debe ser el deseo de colaborar en el desarrollo de nuevos medicamentos o el avance de la ciencia. De convertirse en un negocio, no se podría asegurar que la decisión de participar hubiera sido libre (uno sería más libre mientras más ingresos tuviese).
Este es un tema grave. Seguramente pasará desapercibido en el tumulto de las elecciones. Pero no debería. No solamente es una violación del los derechos del niño y el adolescente (que no tienen la facultad de elegir libremente) sino que representa todo eso por lo que buena parte del pueblo peruano se ha atrincherado en el rincón del nacionalismo. Es el estereotipo: la empresa transnacional que viene al país pobre y abusa de sus ciudadanos sin que el gobierno haga nada para protegerlos –y que además condona y hasta promueve sus acciones.
Pero esto me lleva a un punto que me parece ya he hecho en este blog. Es el tema de la elección. Todos los días tomamos decisiones. Elegimos entre una marca de ketchup y otra. Elegimos entre manejar al Wong o caminar. Elegimos entre comer en casa o en la calle. Elegimos entre vacaciones en el norte o en el sur. Elegimos entre Humala o García. A veces elegimos una marca porque nos gusta más o porque fue producida en el Perú o porque fue producida en algún país o porque la empresa detrás de la marca tiene varios esqueletos saliéndose del armario. Elegimos basándonos en gustos, en ideologías, en costumbre y en principios éticos. De estos últimos no estamos lo suficientemente al tanto.
En Londres, varios de mis amigos, sin ser fanáticos ni nada, no comprar productos de Nestle. Nestle tiene la fama de no ser una empresa con un buen ‘record’ de responsabilidad social. La historia más conocida es la insistencia de la empresa de marquetear su leche en polvo para ser usada como sustituto a la leche materna. En comunidades pobres, esto a llevado a niveles de malnutrición aún mayores ya que los niños no reciben los nutrientes (y la vacunas naturales) que tiene la leche materna y además sufren, muchas veces, de diarreas a causa del uso de agua no potable en las mezclas. Nestle utiliza una estrategia verdaderamente astuta. Una vez que el niño a probado la leche en polvo no querrá regresar a la leche materna (la leche en polvo viene saborizada) y aunque quisiera, la madre ya no producirá suficiente leche –en especial si dejó de lactar durante varios meses. Dicho de otra forma, los vuelve adictos. Así como nos volvimos adictos al Milo.
Y así hay varias empresas con hojas de vida dudosas y otras con hojas de vida ejemplares. El tema es que si tenemos la oportunidad de elegir basándonos en información que va más allá de nuestros gustos, y si esa decisión puede tener consecuencias sobre el bienestar (o malestar) de otras personas, ¿no es entonces, éticamente importante que busquemos tomar la decisión correcta?
Una de las cosas que más me gusta de la BBC es que no tiene comerciales. El dinero que recibe viene directamente de los usuarios (hay que pagar una licencia para tener un televisor en el Reino Unido). Ese fondo cubre los gastos de la BBC y una parte menor se reparte entre los otros 3 canales para programas educativos. Al no depender no del sector privado ni del Estado, la BBC es gobernada por un directorio relativamente independiente y con la capacidad de decidirse por líneas editoriales que otros medios (dependientes de publicidad) no pueden considerar. (Ojo, la BBC no es pura noticia; tienen 6 canales –sólo uno es noticias- de televisión y como 12 estaciones de radio. Las comedias, los dramas, las películas y los documentales más importantes y radicales salen, frecuentemente, de alguno de estos canales y estaciones.)
Esta relativa independencia le permite a la BBC llamar la atención a este tipo de abusos. Y eso obliga a los otros canales y estaciones y periódicos tener que pelearse con sus ‘sponsors’ de vez en cuando. The Guardian es un buen ejemplo (es propiedad de una fundación) que hace unas semanas sacó un número con un artículo contra McDonald’s y un especial sobre obesidad; aún cuando McDonald’s es un auspiciador regular.
A lo que voy con todo esto es a la importancia de tener un aparato mediático que no solamente actué sino que actué responsablemente. Que sea un monitor de la política pero también de la actividad privada. Que sea un aliado de las instituciones que oficialmente velan por nuestros derechos. Que reconozca que estas carecen de los recursos necesarios (y que no es una casualidad) y que las apoyen y ayuden.
En el Perú, los medios de prensa se han convertido en corporaciones que parece persiguiesen la utilidad ante todo. Es hora que despierten del sueño fujimorezco. El negocio de la prensa no es un negocio cualquiera. No es uno que puede ser dictado únicamente por el oro al final del arco-iris. Existe la responsabilidad que escapa a la mayoría de empresas. Existe el poder que viene con la palabra escrita o difundida por la radio o la TV. Existe el servicio público de informar y educar. Estas no pueden ser separadas del negocio.
En el caso de los niños usados de conejillos de indias, debemos saber más. Y en los otros casos de los que nunca nos enteramos... ¿por qué no son noticia?