En el Perú entendemos de ironías. Pero no las hacemos notar lo suficiente. Es lo mismo pero diferente. Alan García se peleó con Chávez porque este se metió en las elecciones peruanas, pero ahora él se mete en las brasileras. Es diferente porque no se ha metido de la misma forma que Chávez; y existe un nexo más creíble entre García y Lula. Pero es lo mismo porque le dio su apoyo a uno de los candidatos.
Y, me pregunto, yo ¿esta mal? A fin de cuentas, lo de García-Lula, Alan lo ha pintado como una cosa de hermanos (unidos por la internacional socialista). Y hay otro argumento de hermanos sudamericanos y hermanos latinoamericanos. Recriminamos a los chilenos el haberse puesto del lado de los ingleses en la guerra de las Malvinas. Y hemos apoyado (o por lo menos mirado al otro lado) a Cuba todo este tiempo porque Cuba nos apoyó cuando pasamos por nuestra etapa de dictaduras de derecha. Y aunque no les guste la música, la nueva trova mantuvo a la izquierda y a la resistencia a estos gobiernos lo suficientemente viva como para seguir avanzando.
Y de alguna manera esta bien eso de opinar. Hasta cierto nivel. Prefiero una Latinoamérica en la que nos preocupamos por lo que pasa al otro lado de la frontera. No como para mandar tanques pero como para hacerle el pare –o el estatequieto, como decimos- a los que se salen de la raya. Una OEA que funcionase sobre la base de lazos hermanos y no sobre la base de lazos al cuello (y que estuviese basada en Latinoamérica, para empezar) podría, de alguna manera, convertirse en un espacio común de valores. Que compartimos todos y en el que podemos confiar, no para que nos fiscalicen o nos castiguen o nos invadan o nos condenen sino para que nos ayuden, nos apoyen, nos enseñen, nos guíen, nos acompañen, nos defiendan y nos den la mano en el proceso de desarrollo.
Tenemos tanto en común, a fin de cuentas.




