"La hipótesis era que podía tratarse de un velocirraptor, pero eso ya fue descartado. Los estudios aplicados nos indican que fue un toxodonte." La ciencia es una maravilla. De velocirraptor (uno de esos dinosaurios recontra ágiles que corrían en manadas en Parque Jurásico) a un hipopótamo que con las justas puede moverse fuera del agua. Aunque, claro, en el agua, puede ser igual de letal. Son unas fieras los hipopótamos ahí donde los ven.
Se vienen las elecciones una vez más y la hipótesis nos dice que un gobierno Aprista sería una desgracia. Pero la política es todavía más maravillosa que la ciencia. De hecho, en América Latina, en el mundo de lo real maravilloso, la política es del mundo de la fantasía: “Es lo mismo”, le responde el alcalde al barbero cuando éste le pregunta si le pasa la cuenta a él o a la alcaldía.
Es del mundo de los fajos de billetes y las cámaras escondidas. De los regresos increíbles, de los presidentes extranjeros. Vivimos en lo más hondo de la caverna y en las sombras nos confundimos y olvidamos lo que vemos y sentimos. Es el mundo en el que las matanzas pasan desapercibidas y hasta son negadas por los muertos y los sobrevivientes. Con balas en las costillas y retorciéndose de dolor se olvidan de los ojos detrás del gatillo.
En ese mundo maravilloso viven instituciones reales. Problemas reales. Personas reales. En ese mundo maravilloso vivimos nosotros. En la patria y en el exilio; pero siempre en el mismo mundo porque no se puede cortar el cordón umbilical del Perú. Se te mete en el cuerpo como el parásito de la malaria y te agarra cuando menos de lo imaginas con una fiebre de delirio. Eres peruano, no te olvides.
Pero regresemos al mundo de la fantasía y a sus habitantes reales. Votamos por personas reales. A través de instituciones reales. Para que soluciones problemas reales. Nos hemos concentrado, en los últimos meses en las personas. Humala y Alan. Son los que quedan de pie. Son lo que acaparan los titulares. Humala no necesita otro nombre. No es Ollanta Humala. No es Ollanta Humala, el candidato a presidencia. Humala, a secas, basta. Alan, basta.
Pero no hemos hablado de las instituciones. Del sistema electoral a través del cual votamos y elegimos. Qué permite esta maraña de partidos, qué permite esta calidad de candidatos y qué nos obliga a elegir entre los peores. Del sistema partidario: Qué enfrenta personalidades y no ideologías, qué promueve mercantilismo, caudillismo y autismo, qué es inconsecuente con la promoción de la democracia y qué anuncia ‘se vende’ en panorámica y technicolor. De la separación de poderes, de los enfrentamientos entre ellos, de la inexistencia de la carrera pública, de la inseguridad legal, de la falta de cultura política, de nuestro desconocimiento de la ley, del centralismo y de la desaparición de la sociedad.
Y los problemas se mantienen en el abstracto. Son problemas en papel. En estudios académicos. En estadísticas cocinadas y presentadas en cuadros y diagramas de barras. La pobreza es una medida (51%) de dinero ($1 o $2). Ha sido deshumanizada. El sufrimiento es un tema legal, un argumento judicial, un manierismo. El crimen es una falta política, la tortura es una cuestión de definición. ¿Qué exclusión? ¿Qué pobreza absoluta? ¿Qué discriminación? La educación es cosa de número de alumnos matriculados y retrazados. La malnutrición es una fracción (más de un tercio) y se ha ocultado bajo el manto de la sobre-vivencia: no es como en África con sus hambrunas, dicen. Es peor, digo, porque en el Perú no se mueren: sobre-viven con hambre. El hambre duele pero no duele tanto si es un porcentaje y los porcentajes no duelen; si son números.
Estas elecciones se alargan. Todavía es matemáticamente posible. La hipótesis dice que un gobierno Aprista sería un desastre. Pero en la ciencia vale tanto un estudio que prueba como el que desaprueba la hipótesis. En el mundo de lo real maravilloso todo puede pasar y un gobierno Aprista puede no ser un desastre.
Pero eso va a depender no sólo de las personas; a las que les tenemos miedo. Ese miedo que tenemos cuando nos vamos a dormir y escuchamos un ruido detrás del armario y lo abrimos y prendemos la luz para asegurarnos que no hay nadie pero igual no podemos pegar el ojo porque ‘no nos imaginamos el ruido y no nos estamos volviendo locos’. El resultado va a depender también de las soluciones a los problemas reales. Basta de espadas de plástico y pistolas de agua; de apuntar con el dedo índice y ‘bang, bang’; de tirarle bolas de arena a las olas (cualquiera que le ha tirado bolas de arena a las olas sabe que lo único que van a lograr es que el mar se moleste y las olas crezcan –bueno, esa era la teoría). Va a depender también de las normas informales que marcan en paso del corazón institucional peruano. El amiguismo, el clientelismo, la discriminación, el abuso, el criollismo, la prejuicio, el desperdicio, la envidia; pero también de la colaboración, la transparencia, la reciprocidad, la caridad, la justicia, el empeño, el esfuerzo, la honestidad, la participación, la acción, la protección.
Este es mi rollo del viernes; después de una discusión de jueves realmente inspirada.




