El domingo vamos a votar. ¿Voto postal? No, tenemos que ir a la embajada, bueno, a un colegio a la vuelta. Pero mejor vamos a ver el Grand National (carrera de caballos acá en Inglaterra). No puedo, es obligatorio votar, sino tengo que pagar una multa.
… (silencio) …
Para un inglés eso de pagar una multa sino se vota confirma el estereotipo de países bananeros que tenemos a veces. Además, cuando votas metes tu dedo en tinta. Y hay ley seca y se prohíben los mítines. Y el JNE toma el control del orden. Y otras tantas disposiciones que aseguran que, digan lo que digan los críticos en el Perú, nuestro proceso electoral sea mil veces más transparente que el que tienen acá o en Estados Unidos.
(Ya en alguna otra oportunidad he comentado sobre la campaña inglesa que me parece es de lo mejor que he visto, así que no voy a tocar el tema otra vez.)
El hecho es que en el Perú nos tomamos esto de las elecciones muy seriamente. Y el resultado es que evitamos los cientos sino miles de problemas que el formato relajado de muchos países ‘desarrollados’ produce. En las últimas elecciones en el Reino Unido se registraron varios casos de fraude que llaman la atención por su simplicidad y otros por su desfachatez.
El fraude electoral en Estados Unidos es ya famoso y basta poner “fraud +elections +USA” en Google para darse una idea. La lista es enorme: 5.5 millones de links.
Esto no significa que las elecciones en el Perú sean perfectas. Ni que no haya ahora ni haya habido fraude electoral (tenemos historias para contarle a nuestros tataranietos). Lo que quiero resaltar es que si no tomamos esto de las elecciones tan seriamente nos deberíamos tomar la campaña y la política en general con, por lo menos, la misma seriedad. Acá los fraudes se dan pero como la gran mayoría no vota ni le importa. Hay un poco d protesta, algunos medios lo toman en cuenta pero los partidos no hacen gran bulla porque el fraude es uno de los medios que tienen para llegar al poder así que para qué quejarse.
En los últimos días, los Laboristas y los Conservadores han sido duramente criticados por haber recibido préstamos millonarios para financiar su campaña electoral (los prestamos, a diferencia de las donaciones, no tienen que ser reportadas). Los Conservadores, incluso, pidieron nuevos préstamos para pagar algunos de estos para ocultar que algunos de estos provienen de ciudadanos extranjeros (prohibido por ley); evitando así divulgar todos los nombres como les exigía la comisión electoral.
Y como estas hay miles más que uno va escuchando.

Estas elecciones me causan una sensación de dejavú. Estamos a puestas del fracaso; del abismo. La posibilidad de que pasen a segunda Alan y Humala nos tiene a, algunos, asustados. A otros no tiene resignados la posibilidad de que pasen Alan, Humala o Lourdes. Cuando Fujimori derrotó a Vargas Llosa en el 90 dijimos lo mismo. El pueblo se equivocó, se venía la hecatombe; una seguidilla de hechos bochornosos que más adelante involucrarían a los mismos que gritaron a los cuatro vientos, que amenazaron con abandonar el país. Nos equivocamos, sí, pero acá seguimos. Fujimori y compañía desbarataron los últimos vestigios de institucionalidad que existían y nos dejaron sin plata ni billetera.
Pero acá estamos. Paramos el fraude y nos involucramos. Lava la bandera, las protestas, las marchas, los cuatro suyos, la sátira son todas parte no de la resistencia sino de la democracia. Después nos callamos nuevamente y recién nos ponemos a hablar ahora. Mea culpa, este blog no existía hace 3 años. Pero ahora que volvemos a hablar no hay que parar.
En estas elecciones se ven varios jóvenes candidatos al Congreso. No los conozco así que no me atrevo a sugerir a ninguno. Y tampoco me parece válida la campaña basada en la juventud (¿más vale el diablo por diablo que por viejo?). El reto de estos jóvenes candidatos no es salir elegidos sino mantenerse en política (y no politiquería) durante 5 años más. Participar en las elecciones municipales, hacer cartera de servicio público, etc.
Lo mismo para los que hoy escriben y re-envían los e-mails que advierten de la amenaza Humala o el retorno de Alan. Lo mismo para los que ruegan al cielo que no salga Humala o que tienen pesadillas por las noches. O los que están amenazando con irse del país.
¿Y cómo participamos en política si trabajamos en un, por ejemplo, banco? Asegurándoles a nuestros inversionistas que la cosa no es como la pintan. Que el tiempo pasa y que en el Perú las caídas son pasajeras. Que en el país hay gente capaz, que la situación no es como era en los 70s o los 80s. Que una cosa es lo que dicen los e-mails alarmistas y otra es lo que dicen los planes de gobierno. Que una cosa es el discurso de campaña y otro es el discurso de gobierno.
Este domingo vamos a votar. Y pasarán a segunda vuelta solamente dos. Y tendremos que votar otra vez. ¿Qué vamos a hacer si pasan Alan y Humala? ¿Salir despavoridos? ¿Darnos por vencidos?
Existen alternativas. Está Transparencia que monitorea los procesos electorales y democráticos en el Perú. Está la Coordinadora de Derechos Humanos que se la pasa velando por nuestros derechos. Está también Amnistía Internacional. Hay cientos de organizaciones civiles que trabajan constantemente para incidir en las políticas públicas. Que necesitan de apoyo. Que hacen política porque buscan cambiar las políticas y reformar las instituciones del país. Estas no se van a ir a ningún lado.
En eso no nos parecemos a los ingleses, por ejemplo. Acá las elecciones pasan en un santiamén, en un abrir y cerrar de ojos, pero la sociedad civil se la pasa debatiendo cada una de las propuestas del gobierno. Cambiando comas y puntos, llevando a juicio a ministerios y ministros, buscando evitar, a través de los diversos espacios que ofrece la democracia, que el camino sea el más indicado. En el Perú hay cada vez más espacios para participar. El proceso de descentralización ha multiplicado los procesos participativos, las asambleas públicas, las consultas populares, las mesas nacionales, regionales y temáticas; no hay excusas para quedarse sin participar.




