Chávez pasó o está a punto de pasar el ‘punto de no retorno’. Ya se siente, desde hace unos meses, la posibilidad que los efectos positivos de gobierno se terminen diluyendo. Desde que empezó a comprar aviones de guerra, desde que se alargaron sus presentaciones televisivas, desde que empezó a hablar a favor de Humala. Ya se sale el militar que amagó el golpe de estado en los 90s y que protegió a Montesinos en su huída. El típico caudillo latinoamericano; el real maravilloso.

 

En estos días andamos ocupados con sus declaraciones sobre el proceso electoral peruano; su intromisión en nuestra política. Por ello, no le hemos prestado mucha atención al proyecto del gaseoducto intercontinental que correría desde el Caribe a la Patagonia y traería seguridad energética a la región. Tampoco hemos leído sobre la firma (hoy, sábado) de la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) –un acuerdo social (recomiendo ver la lista de los próceres).

 

Al Perú le interesa más la salida de Chávez de la Comunidad Andina. Venezuela se retira, o amenaza retirada, como lo hizo el Perú en los días de Fujimori, para unirse al MERCOSUR y, de alguna manera, como venganza por haber sido tantas veces excluida de conversaciones y acuerdos entre los otros miembros y Estados Unidos. Nos interesan las declaraciones de Chávez sobre los candidatos a la presidencia (dice que si sale Alan retira a su embajador). Pero, eso pasa siempre. ¿Por qué nos escandalizamos? Durante décadas Estados Unidos opinó sobre los candidatos y presidentes latinoamericanos (de hecho financiaron varias campañas y contra campañas y golpes de Estado –en Venezuela hace un par de años). En Europa Occidental financiaron movimientos sociales y partidos liberales que rompieran el control Soviético.

 

En Bolivia, el embajador de Estados Unidos opinó hasta hace poco sobre Evo Morales (hasta que se dieron cuenta que mientras más opinaba más votos conseguía Evo). En los organismos internacionales se pasan declaraciones, constantemente, sobre otros países y sobre sus modos y formas de gobierno. El Perú no es extraño a la firma de tales documentos; inclusive contra países hermanos.

 

Nada de esto significa que Chávez tenga el derecho de opinar sobre y amenazar al proceso político peruano. De hecho parte de la crítica a su gobierno es que parece querer romper la influencia de Estados Unidos en la región por medio de estrategias demasiado parecidas a las suyas. Pero no deberíamos explotar en espanto como si fuera una cosa extrañísima e imperdonable. Pasa todo el tiempo y es parte de las estrategias geo-políticas de todos los países. El Perú tiene, o debería tener, una. La de Venezuela bajo Chávez es la de liderar una alternativa al centro de gravedad de Estados Unidos.

 

Y esto es parte de un proceso que ya se viene sintiendo en la región. Los precios elevados de los commodities, la caída del Washington Concensus, el interés de los Estados Unidos en otras regiones del mundo, el resurgimiento de una izquierda más flexible y más experimentada, han contribuido a ello. Los gobernantes de la región tienen hoy mayor libertad de acción. El Fondo Monetario juega un rol ínfimo; y el Banco Mundial ha regresado a la financiación de proyectos, sin condiciones. Con mayores recursos y sin la bota de Washington amenazando, empezamos a probar políticas sociales más justas, incrementales, universales casi; adaptadas de nuestras propias ideas o de otras regiones.

 

La idea de una carta social para la OEA y la Comunidad Andina; la visión de una región energéticamente autosuficiente e independiente; la posibilidad (es cierto, remota) de una comunidad sudamericana de naciones; son el resultado de esta mayor libertad.

 

Chávez, por ahora, es el mensajero de todo esto. Es que más habla porque es el que más petróleo tiene. Es el que tiene más libertad. Pero el mensajero no debe desacreditar al mensaje. Porque no es su mensaje; no se lo inventó él. Ha estado en el la mente del colectivo americano durante mucho tiempo; fue teorizado en la CEPAL en los 50s y 60s; ha sido estudiado; y experimentado ya varias veces. La idea de una región más independiente, con mayor libertad para combinar políticas liberales con estrategias de desarrollo más humanas, más propias, no le pertenece a Chávez.

 

La reacción del Perú a las declaraciones de Chávez deberían ser menos vicerales y más estratégicas. Menos en los titulares y más en los salones de Torre Tagle. 

 

Hay mucho más sobre Chávez y la política regional; y muchas otras opiniones al respecto. Pero me pregunto si sería una buena estrategia para el Perú montar sobre el tren del cambio (alimentado por combustible subsidiado) y aprovechar lo positivo que puede tener todo esto. Juntarnos con los más moderados de la región (Brasil, Chile, Uruguay, Argentina) y aprovechar el ímpetu y la emoción de Chávez que, como alguien que acaba de ganarse la lotería, quiere repartir sus petro-dólares entre sus amigos.