Acabo de salir
Las causas fundamentales y del largo plazo de se pueden localizar hasta los tiempo de colonialismo francés y belga cuando las autoridades colonizares ‘crearon’ ambas tribus al separar a los ruandeses entre los más altos y flacos como tutsis y los más macetas como hutus; para 'administrarlos mejor'. Pero la causa inmediata del genocidio se explica por la incapacidad de ‘occidente’ de responder ante las obvias señales de lo que se veía venir y la tan recurrida estrategia de los poderosos de usar la discriminación como herramienta de control y poder.
La película reporta todo esto. Cuenta la historia de un grupo de refugiados tutsis en un colegio administrado por un cura inglés y un voluntario inglés. El rol de las Naciones Unidas y los dramas personales de las víctimas y los victimarios. Cinematográficamente es mejor que Hotel Rwanda (aunque ello no le quita calidad a esta). Las actuaciones se sienten más reales (en parte por la participación de sobrevivientes) y en general, la película, no se cuida tanto de mostrar la vulgaridad de la sangre, la violencia de los machetazos y la crueldad de la situación.
Vale la pena tener cuidado, sin embargo, cuando consideramos la ‘culpa’ de las Naciones Unidas y su inactividad. Es fácil caer en ese juego que muchas veces nos quieren hacer caer sus principales enemigos. Esa ha sido la estrategia del gobierno de George Bush y su campaña por desprestigiar y boicotearla. La Naciones Unidas es una institución de depende de sus miembros para actuar; principalmente con respecto a intervenciones militares.
Occidente dejó que esto sucediera, como dejo que sucediera los genocidios y guerras civiles de Costa de Marfil y Sierra León, o el apartheid de Sudáfrica, o la hambruna de Etiopía. Individualmente, los países desarrollados, por su inacción y no por la incapacidad de las Naciones Unidas, han decidido no actuar para detener el actual genocidio en el Sudán, la hambruna en Malawi y el conflicto armado en Uganda.
Esta es una película que ofrece una visión a lo que sucedió en el espació privado de una nación. Pero también una ventana hacia una perspectiva global del mismo problema. En el Perú, no somos ajenos a la violencia. Y no ha pasado aún tiempo suficiente para olvidar, ni cerrar las heridas. El machete no es diferente al FAL. Y el hutu contra el tutsi no es diferente al militar o el senderista contra el campesino. Y la indiferencia de occidente no es diferente a la de las ciudades hacia los de campo.
La proporción, cuando hablamos de 60,000 o 800,000 (ya sea en 3 meses o 15 años) no tiene mucha importancia. Las razones y las posibles soluciones, sí.




