Hay una noticia en Google que viene del Departamento de Estado de USA. Es un comentario sobre un reporte de UNICEF acerca de la situación de los niños y niñas en las zonas cocaleras del Perú. Empecemos por el reporte. Ser pobre, vivir en zonas rurales, en zonas cocaleras y ser un niño o niña: la peor combinación. 21% de adolescentes están embarazadas o ya tienen por lo menos un hijo; 25% de las madres nunca recibieron algún tipo de servicio médico; sólo el 35% tiene acceso a agua potable y 5.5% al desague; sólo el 25% de adolescentes va al colegio (secundario) - y esta cifra es aún menor para las mujeres ya que si salen embarzadas las retiran; etc.
Pero esto no es nuevo. La situación de los niños y niñas del Perú es desesperante. En un estudio que hice con Enrique Vásquez de la Universidad del Pacífico y que él ha continuado desde entonces quedó claro que los niños y niñas se mantienen olvidados por completo de las políticas públicas peruanas. No importa cuánto se gaste en programas de salud o nutrición; los niños permanecen invisibles.
Ahora sobre la nota del Departamento de Estado. El problema de los niños que viven en zonas cocaleras no es que la coca es mala para ellos. La producción de coca les da a sus familias un ingreso relativamente elevado y suficiente para que, de existir los servicios públicos, ellos y sus padres puedan acceder a ellos. La producción de coca no es, como parece sugerir la nota, la causa de sus problemas. La causa de sus problemas es que presionados por el Gobierno de Estado Unidos, los gobernantes peruanos desde los fines de los 60s han criminalizado al productor; destituyéndolo del derecho a defensa. Han metido al campesino en el mismo saco que al narcotraficante. Al señor feudal y al sirviente.
El problema de estos niños es que el Estado no les ofrece los servicios y bienes que les toca, como ciudadanos peruanos y como seres humanos, recibir. Lo que hacen sus padres, y ellos mismo, es irrelevante. La ilegalidad, el estado de informalidad al que han sido forzados los obliga a mantenerse alejados de servicios de salud, educación, nutrición, etc. El problema no es la coca sino la guerra contra las drogas que Estados Unidos ha decidido pelear en nuestro suelo y que condena a los niños y niñas 'cocaleros' a vivir en las sombras.
La solución es extender al Estado hasta donde viven ellos. Hacer caso omiso de si han erradicado las plantaciones o no. Cubrirlos con los servicios básicos que necesitan y defender sus derechos humanos. A la larga, jóvenes mejor educados tendrán mejores oportunidades laborales, mejor nutridos podrán lograr niveles más elevados de productividad, con mejor salud no necesitarán hacer uso de sus hijos para trabajar la tierra.
Sobre este tema hay una entrevista intersante a Evo Morales en the Guardian. Morales habla de una política de lucha contra la cocaína. Todos estamos de acuerdo con esto. Pero todavía falta reconocer el riesgo de criminalizar la coca -esa misma que todos tomamos en mate cuando viajamos a la sierra. Los niños de los que habla el reporte de UNICEF son las víctimas directas de esta criminalización. Y nuestra pasividad (y algunas veces apoyo de esta política impuesta sobre nosotros) se basa en nuestro desprecio por lo Andino. Es parte del sistema de discriminación.
(Y yo sé que el argumento en contra va algo así como que la coca la usaban los españoles para que los indios trabajaran más en las minas y que sirvió de arma de explotación. De acuerdo. Pero eso no invalida lo dicho ni invalida el hecho que la coca es un elemento clave en la cultura y cosmovisión Andina y que muchas de las tradiciones de una buena parte de nuestra población se basan en ella. No podemos seguir diciendo que 'esa coca es legal, pero esa coca no'. Esa es una política desastroza. No funciona y no funcionará nunca.)




