Las cortes británicas son el escenario de varios juicios contra militares (activos y en retiro) acusados de violaciones de derechos humanos en Irak y Afganistán. Un militar cumple un trabajo. Cierto, un trabajo más riesgoso que otros. Y, en el Perú por lo menos, mal pagado. Pero es un trabajo. Y como cualquier trabajo tiene ciertas reglas. Un soldado debe comportarse de alguna manera. Estén leyes y códigos que establecen sus derechos y responsabilidades. Cuando el trabajador porta un arma, esos códigos son aún más importantes. No es un capricho, demandar que se cumplan. Y su cumplimiento es aún más importante cuando esos soldados portan armas frente a los ciudadanos del país que han jurado defender.
Me resulta, como siempre, nauseabundo cuando un militar (y en este caso, el vicepresidente de la república) sale en defensa de los militares que violaron esos códigos y esas leyes (nacionales e internacionales). Es asqueroso. No defiende a los buenos soldados. Los que sacrificaron sus vidas cumpliendo con ellas. Sino a los que las dejaron de lado y eligieron el camino fácil. El vicealmirante en retiro Luis Giampietri Rojas debería buscar premiar a los que cumplieron las leyes y castigar sin remordimientos a los que las violaron. Porque estos últimos son los causantes de la falta de moral y la desconfianza que tenemos los peruanos en nuestras fuerzas armadas.
Que vergüenza que un representante del poder civil siga agachando la cabeza ante los criminales. No se trata de venganza. Se trata de justicia. Que la justicia ajusticie. Que se cumpla lo establecido por la constitución que las fuerzas armadas juraron defender.
Que vergüenza que Giampietri reciba tribuna para decir esto sin que exista una condena general. El frontón fue una masacre. Un acto ilegal. Las muertes de todos (detenidos y militares) son una desgracia.
Que vergüenza que Giampietri no se de cuenta que lo que dice es contrario a los valores democráticos y de justicia que dice que las fuerzas armadas defendieron. Que pena. Es una lástima que justos paguen por pecadores. Que la justicia le tenga que pedir permiso al fusil.
En Gran Bretaña, el debate sobre el deber de los militares se pelea todos los días en los medios. No hay día que no se condene a los malos militares y premie a los buenos. Como nunca, después de una guerra larga, existe un entendimiento que la critica a las manzanas podridas de ninguna manera afecta a las frescas y maduras.
Giampietri se equivoca en su énfasis. ¿Qué ha hecho el gobierno para ayudar a las víctimas de la guerra interna que acabó con las vidas de cerca de 70,000 personas y dejó a cientos de miles sino millones heridos y afectados de manera directa?
Que vergüenza que utilice la ocasión del recuerdo del Combate de Angamos para recordar a los criminales y no a los héroes y a las víctimas.
Nuevamente, un líder político con las prioridades cruzadas y los principios olvidados.




