Ayer hablé de la importancia de la agenda. Y durante las últimas horas, la prensa se ha preocupado de preguntar sobre su salud. Blair y los otros jefes de gobierno del G8 ya han anunciado que la respetarán. Y, aunque eso no signifique que la cumplirán, es mucho mejor que nada. Hoy, hay más de 50 muertos y 700 heridos. Todavía quedan cuerpos en los túneles del Underground. Y hay un bus casi destrozado estacionado frente al British Medical Association (la asociación británica de médicos), cuya fachada está cubierta de sangre.

 

Ayer, Blair, en su comunicado, llamó a los británicos, estoicos. Por la noche, en las noticias, los testigos narraban sus experiencias (mi flatmate tuvo que ser evacuada por los túneles después de una espera de 45 minutos en el tren) calmados, sin olvidar los detalles, y casi-casi manteniendo el orden perfecto de los componentes de una historia bien contada. Todos los estereotipos de los británicos salieron a la luz.

 

Ayer, después de un largo día los londinenses se pusieron sus mochilas al hombro y caminaron a sus casas. El tube no funcionaba (los buses y los trenes sí). No hubieron llantos ni reclamos ni disturbios (salvo una que otra pelea por algún insulto racial –pero yo sé de eso porque pasó por mi barrio). Y hoy por la mañana el sistema de transporte de Londres esta casi al 100%.  Mucha gente se ha quedado en sus casas, pero más que nada porque las autoridades han pedido que de no ser necesario no vayan al centro para permitirles trabajar en el proceso de limpieza.

 

Esto no significa que los ingleses estén hechos de piedra y no tengan sentimientos como piensa todo el mundo. Lo que sucede es que se concentran en el largo plazo. Hace solo 60 años, la fuerza aérea alemana aplanó muchas ciudades inglesas, y durante años el IRA sacudió sus noches con bombas como las del Perú. Si se hubiesen concentrado en el corto plazo, no habrían sobrevivido.

 

Si nosotros nos hubiésemos concentrado en el corto plazo, tampoco habríamos sobrevivido. Nos habríamos ido todos del Perú –o nos habríamos vuelto locos o incapaces de trabajar o de ser productivos. Pero Sendero, pobreza, el Niño, lo que sea, nosotros hemos siempre seguido adelante. Es una lástima entonces, que nuestros gobiernos y muchos empresarios vivan para el presente y no piensen en el futuro.

 

Toledo se ha adelantado a muchos líderes del mundo en ofrecer su apoyo a la guerra contra el terror. Eso es pensar en el corto plazo. No ofender a Bush, no pelearse con los grandes. No se adelantó, sin embargo, a ofrecerles su apoyo cuando hablaban sobre la eliminación de la pobreza. Una estrategia mundial contra el terrorismo no tendrá nunca una conclusión feliz si no viene subordinada a una estratégica mundial contra la pobreza y, sobre todo, la injusticia.

 

Las causas del terrorismo no son la maldad (como nos quiere hacer creer Bush), ni la cultura, ni alguna forma de discapacidad mental. Es la frustración. La realización de que el mundo en el que habíamos imaginado íbamos a vivir ha sido destruido. Darnos cuenta que no podemos ejercer nuestros derechos como habíamos querido –nuestra independencia. Viene de la sensación de exclusión social, de ser la víctima sistemática de injusticias y violaciones de nuestros derechos humanos más básicos. Algunos lo toman con calma y otros reaccionan violentamente. Decir que terrorismo es sinónimo con el mundo árabe o que este es un fenómeno del nuevo siglo es simplemente incorrecto.

 

Recordemos que hay terroristas Europeos (IRA y ETA), y red-necks gringos (McVeigh o el unabomber). El terrorismo en lo que hoy es Israel empezó con ataques terroristas perpetrados por judíos y muchas de las tácticas de cualquier proceso de independencia en América, África y Asia involucraron actos de terrorismo.

 

100,000 civiles han muerto como consecuencia de la guerra en Irak. Otros tantos han muerto en Afganistán, y durante décadas cientos de miles de Latinoamericanos han sido víctimas de un terrorismo de Estado, muchas veces financiado o apoyado por los Estados Unidos. Así como los ataques en Nueva Cork y los ataques en Londres y Madrid son condenables. También lo son estos otros ataques a iraquíes y centroamericanos.  

 

La reacción de Blair no ha sido la misma que la de Bush. No se ha puesto el sombrero de vaquero ni ha lanzado tiros al aire. Nadie espera una nueva invasión. O que mandé más tropas al medio oriente. Eliminar el terrorismo global necesita de la eliminación de la pobreza y la injusticia. Y esta es una lección que poco a poco va aprendiendo Europa.

 

Aprendámosla nosotros también. Reaccionemos estoicamente a las marchas y protestas. Incluso a las nuevas incursiones de Sendero. Preguntémonos cuales son las causas de estas nuevas olas de violencia. No será difícil darnos cuenta que la causa es la injusticia y la pobreza. La frustración de siglos perdidos y de permanente opresión.