Ayer, Londres era una fiesta. Le ganamos las Olimpiadas a Paris, nos despertábamos después de un concierto de película en Hyde Park, el pronóstico del tiempo anunciaba el regreso del verano este fin de semana. Para los que trabajamos en desarrollo internacional, esta semana se perfilaba como una de las más importantes del año y la década. En Gleneagles, los líderes del G8 se preparaban para negociar acuerdos que definirían el futuro del mundo. Alto en la agenda: la eliminación de la pobreza, África, el calentamiento climático, la deuda y el comercio justo.
Hoy, por la mañana, todo eso cambió. Londres se despertó a una serie de ataques al sistema de transportes que, según anuncian algunos medios, ha cobrado cerca de 40 vidas. No hay mucho que decir sobre los detalles de los atentados. La presa se esta encargando de ello. La BBC tiene ya una serie de servicios en línea para aquellos que quieren enterarse un poco más. Y los blogs normalmente dedicados al chisme diario se han volcado sobre los atentados. No hay otra alternativa.
La agenda de eliminación de la pobreza del G8, parece, se siente, ya muy lejana. Cuesta mucho creer que mañana los líderes del G8 no discutirán temas mas relacionados con la Agenda de Bush: la guerra contra el terror. Es la excusa perfecta para la delegación norteamericana que quería evitar, a toda costa, hablar sobre el calentamiento global. Es la excusa perfecta para Chirac que no quería tener que explicar por que es que las vacas de sus granjeros reciben más ayuda per capita que millones de niños en todo el mundo que viven en la eterna pobreza por causa de esos mismos subsidios.
Es una lástima. Pero imprevisible como es el proceso político, esto es parte del proceso. Lo importante es no perder el camino. Muy probablemente, los temas que habríamos querido se mantuviesen en lo alto de la agenda serán relegados durante los próximos días. De hecho, el Parlamento querrá discutir las razones por las cuales estos atentados no se evitaron y exigirán investigaciones y la creación de comisiones independientes. La atención de los tabloides retornará a los inmigrantes y las constantes amenazas a las que se enfrenta Gran Bretaña. Y rápidamente la inercia generada por las campañas mundiales para hacer historia la pobreza y el Live8 de la semana pasada, se irá perdiendo.
El rol de la sociedad civil deberá ser, entonces, el de salvaguardar la agenda original. Cuidarla y desarrollarla mientras pasa la tormenta. Hacerle acordar a los políticos que hay este otro tema que queda por discutir. Hacer notar cuando las nuevas políticas de seguridad afecten lo que ya se había logrado en el tema de reducción de la pobreza. Y cuando pase la tormenta, retomar la agenda. Y retomarla con el mismo ímpetu y la misma pasión.
En el Perú vemos esto pasar constantemente. Cuando Fujimori fue, por fin, derrotado, los derechos humanos pasaron a dominar la agenda nacional. La Comisión de la Verdad y Reconciliación, la Coordinadora, Transparencia, etc. Nadie se salvaba del debate y la ilusión que, por fin, se haría justicia en un país en el que los derechos humanos han sido violados de manera sistemática durante décadas. Pero la emoción pasó. Toledo se enfrentó a escándalos políticos, los militares peruanos se aliaron con algunos políticos peruanos y la nueva agenda de Estados Unidos terminó por ocultar la idea de derechos humanos en las celdas más oscuras de Guantánamo.
Pero la agenda esta aún ahí. No ha muerto ni ha desaparecido. Las nuevas elecciones son, como siempre, una excelente oportunidad para revivirla. Los derechos humanos, deben retornar a la mesa de debate y deben ser el eje central de nuestras discusiones políticas. El hecho de que en nuestro país se violen de manera tan sistemática pero que no le demos ni un segundo al tema es verdaderamente vergonzoso; pero sobre todo, es peligroso.
Una de las lecciones de nuestras investigaciones sobre los procesos políticos es que estos no son racionales ni directos. Y que muchas veces las ideas toman anos en convertirse en políticas concretas. Lo importante es reconocer cuando se abren nuevas ventanas de oportunidad. Cuando se crean nuevos espacios de debate. Un político inteligente sabrá que encontrara en la sociedad civil organizada del Perú un aliado invaluable si es que toma en serio este tema. Y una campaña basada en la búsqueda del respeto de los derechos humanos en el Perú será siempre bien vista y apreciada por la población; que a fin de cuentas, ha sido victima durante demasiado tiempo.
De igual manera, la sociedad civil peruana haría bien en buscar estos candidatos desde ahora. Armarlos con estadísticas y estudios. Prepararlos y apoyarlos. Darles ese ‘know-how’ que tienen en el desarrollo de campañas y movilizando a sus bases. Trabajando juntos, podemos revivir la agenda de derechos humanos en el Perú. Y podemos lograr un cambio.




