Mucho se habla sobre grandes programas públicos, con presupuestos enormes. Y, a medida que se acercan las elecciones, escucharemos propuesta tras propuesta de grandes cambios institucionales –claramente imposibles de llevar acabo. (Sería interesante si cada propuesta hecha por un candidato estuviese acompañada por un presupuesto detallado, incluyendo fuentes de financiamiento y sistemas de monitoreo y evaluación como condición para que sea publicada a través de cualquier medio de prensa.) Pero poco se habla sobre políticas que requieren poco presupuesto y que, no obstante, tienen el potencial de impactar sobre el bienestar de millones de peruanos.

El diseño de los edificios públicos (hospitales, colegios y ministerios, por ejemplo) puede tener enormes consecuencias sobre el bienestar de pacientes, alumnos y empleados públicos. Nadie puede ya dudar que la productividad laboral este directamente relacionada con el lugar de trabajo. ¿Quién no quisiera trabajar en una oficina iluminada por luz natural y vistas a jardines o frente al mar? Seria, indudablemente, mejor que estar sentados en un escritorio mirando a una pared en algún sótano. Lo mismo se puede decir de un estudiante que se pueda sentir inspirado por el espacio en el que estudia. Una clase que lo invite a leer, en la que se sienta cómodo y a gusto. Y cualquier medico podrá afirmar que un paciente se recuperará mas rápido en un cuarto con mas espacio entre camas, ventanas y colores y olores adecuados.

Nada de esto es nuevo. Sin embargo, hemos visto, durante los noventa, una explosión en la construcción de colegios y hospitales que parecen haber sido diseñados con el programa ‘Paint’ de la computadora. Todos pintados de naranja y marrón, cuadrados, horribles. Y los hospitales son todos unos bodrios, sin ningún tipo de consideración por el medio ambiente en el que están. Todos son iguales; no importa que estén en la costa, la sierra o la selva. Las carpetas y el mobiliario son de pésima calidad. En general, en términos de diseño, dejan mucho, muchísimo, que desear.

Pero, en general, el diseño de los espacios públicos en el Perú se encuentra en un mal estado. Cualquier visitante a Lima queda sorprendido por la variedad de construcciones que, una junta a otra, constituyen nuestra ciudad. Edificios al lado de casas, al lado de supermercados, al lado de grifos, al lado de edificios. Y lo mismo se puede decir de las plazas que se están construyendo en todo el país. Empecemos (y terminemos) por la Costa Verde en Chorrillos y las esculturas enormes que han plantado frente al mar.

Si bien la misma crítica se puede hacer sobre muchas construcciones y diseños privados, el problema es que las obras públicas son financiadas por recursos públicos. Y cada vez que su diseño no promueve un aumento de productividad en el trabajo o el estudio, o una mejora en el bienestar de un paciente o, en general, en el bienestar de la población, el Estado esta malgastando esos recursos.

Un cambio de política en este caso no requiere de un cambio de estructuras o de una inversión considerable. Basta con la introducción de concursos que promuevan la participación de arquitectos jóvenes y que involucren a la población local (en especial en zonas en las que el respeto por el medio ambiente –como por ejemplo una comunidad rural- debería ser un prerrequisito). Ciertos criterios como el uso de materiales producidos localmente, o el respeto de ciertos estilos arquitectónicos y de diseño, y un mínimo de estándares destinados a la promoción del bienestar de los usuarios de estos espacios públicos, pueden ser introducidos a la política pública sin mayores aspavientos.

Y el impacto que esta mejora en el diseño puede tener es invaluable. ¿Cuántos candidatos tocarán este tema, sin embargo? No es una política popular, no implica grandes inauguraciones y probablemente no le llame la atención a muchos peruanos. Pero, no obstante, puede ser una política importante.

Los peruanos nunca nos cansamos de hablar de la belleza de nuestros paisajes y la grandeza de la arquitectura Incaica. Es hora de estar igualmente orgullosos del espacio que construimos hoy.