El Perú esta en los medios de presa en el Reino Unido. The Observer, el periódico dominical de The Guardian publicó una columna titulada: “Virgen for sale to pay mother’s medical bills” (Virgen en venta para pagar las cuentas medicas de su madre). El Metro, un diario que se distribuye gratuitamente en el Tube (subterráneo) publicó la misma noticia el lunes.
Aparentemente, la oferta de Graciela Yataco ha desatado un debate sobre la moralidad y el honor (¿o es honra?) del Perú. Mercedes Cabanillas (citada por The Observer) declaro que este hecho ilustra la crisis de valores del país y que la señorita Yataco debería conseguirse un trabajo. Pamela Vertiz (“Peru’s Jerry Springer”) se habría unido al debate anunciando que la reputación del Perú estaba en juego.
La reputación del Perú esta en juego, pero no porque una chica haya decidido vender su virginidad para salvar a su madre, sino porque el país se ha preocupado más por atacar a Graciela en lugar de cuestionar el estado de nuestro sistema de salud y de la seguridad social. Los moralistas se han apresurado en tirar la piedra (literalmente) asumiendo una posición intolerante y fanática. Se han olvidado de la solidaridad que merecen todos los peruanos y de la desesperanza que acompaña a la pobreza.
Basta escuchar la radio por unas horas durante una mañana cualquiera para darse con un anuncio de servicio público en el que una madre o un padre ruega, entre lágrimas, por “una ayuda” para pagar el costo de una operación o de medicinas para su hijo o hija. No hace falta visitar un hospital público para darse cuenta del estado deplorable del sistema de salud peruano. No hace falta tener que usar la seguridad social para comprender que esta necesita cambios importantes. Pero parece que sí hace falta llamar la atención de los políticos y la prensa sobre la problemática social del país.
Conseguir trabajo debe ser fácil para Mercedes Cabanillas; pero no es fácil para jóvenes como Graciela. Y el sueldo que podría pagarle un trabajo no le alcanzaría para cubrir los costos médicos de su madre –además de lo que necesitarían ella y su madre (y sus hermanos y hermanas) para vivir (¿o esta sugiriendo la Congresista que sus hermanos y hermanas menores –menores de edad- salgan a trabajar también? ¿Qué paso con los derechos del niño y del adolescente?). Habría que preguntarle a Mercedes Cabanillas cuanto cree ella que gana la gente en el Perú –especialmente los jóvenes. Habría que preguntarles a todos los congresistas para ver que tan informados están de lo que pasa en el país.
Pero la discusión no debería enfocarse en Graciela. Lo que ella ha hecho es llamar la atención sobre la situación de la salud pública en el país. Si Graciela necesita S/.20,000 para el tratamiento de su madre, entonces ¿qué esta cubriendo el Estado? Gracia Yataco no es la única persona que se pasa por las redes de la seguridad social peruana. En le Perú, menos de un tercio de la población esta asegurada. La gran mayoría no tiene ingresos suficientes para cubrir los gastos médicos más básicos. ¿Dónde esta el Estado? ¿Dónde esta el debate en el Congreso o la propuesta de ley que reforme la seguridad social de una vez por todas?
Durante la última década, la privatización del Estado incluyó varios aspectos de la seguridad social, en especial el sistema de pensiones. Esta semi-privatización no ha logrado una mayor cobertura –no ha ayudado a cubrir a los que no estaban cubiertos antes. Tampoco ha colaborado en el fortalecimiento del Estado y su capacidad para proteger a quienes no tienen la opción de participar del sistema privado. La aparición de las EPS no ha ayudado tampoco, pagándole menos a los médicos y compitiendo contra ESSALUD y debilitando su capacidad de ofrecer mejores servicios.
Pero ninguna de estas reformas ha tomado en cuenta a los más de 12 millones de peruanos que viven en pobreza y a los millones que viven en el límite. Graciela es una de ellos. Es una peruana que no tiene un trabajo formal ni estable, que no gana lo suficiente para ahorrar (menos un para pagar un seguro medico), que vive en condiciones sanitarias y habitacionales precarias, que no tiene acceso a las instituciones del estado, que paga mas por unidad de agua y energía que lo que se paga en San Isidro y que no tuvo una educación que le permita conseguir un buen trabajo.
Ahora que Graciela tiene la ayuda de un empresario limeño, el problema parece haber desaparecido de los titulares. Pero la realidad es que el problema sigue ahí. No se ha ido a ningún lado. Hoy mismo miles de peruanos están considerando medidas aun más drásticas para juntar los fondos necesarios para ayudar a sus seres queridos. Moralmente hablando ninguno de ellos tiene nada de que estar avergonzados (¿Imagínense una sociedad en la que no hacemos todo lo posible y necesario para ayudar a nuestros hermanos, padres o hijos?). La vergüenza debe ser de los ‘fundamentlistas’ que han atacado a Graciela y, en el proceso, le han dado la espalda a la realidad del país. Ellos son los inmorales.
Aparentemente, la oferta de Graciela Yataco ha desatado un debate sobre la moralidad y el honor (¿o es honra?) del Perú. Mercedes Cabanillas (citada por The Observer) declaro que este hecho ilustra la crisis de valores del país y que la señorita Yataco debería conseguirse un trabajo. Pamela Vertiz (“Peru’s Jerry Springer”) se habría unido al debate anunciando que la reputación del Perú estaba en juego.
La reputación del Perú esta en juego, pero no porque una chica haya decidido vender su virginidad para salvar a su madre, sino porque el país se ha preocupado más por atacar a Graciela en lugar de cuestionar el estado de nuestro sistema de salud y de la seguridad social. Los moralistas se han apresurado en tirar la piedra (literalmente) asumiendo una posición intolerante y fanática. Se han olvidado de la solidaridad que merecen todos los peruanos y de la desesperanza que acompaña a la pobreza.
Basta escuchar la radio por unas horas durante una mañana cualquiera para darse con un anuncio de servicio público en el que una madre o un padre ruega, entre lágrimas, por “una ayuda” para pagar el costo de una operación o de medicinas para su hijo o hija. No hace falta visitar un hospital público para darse cuenta del estado deplorable del sistema de salud peruano. No hace falta tener que usar la seguridad social para comprender que esta necesita cambios importantes. Pero parece que sí hace falta llamar la atención de los políticos y la prensa sobre la problemática social del país.
Conseguir trabajo debe ser fácil para Mercedes Cabanillas; pero no es fácil para jóvenes como Graciela. Y el sueldo que podría pagarle un trabajo no le alcanzaría para cubrir los costos médicos de su madre –además de lo que necesitarían ella y su madre (y sus hermanos y hermanas) para vivir (¿o esta sugiriendo la Congresista que sus hermanos y hermanas menores –menores de edad- salgan a trabajar también? ¿Qué paso con los derechos del niño y del adolescente?). Habría que preguntarle a Mercedes Cabanillas cuanto cree ella que gana la gente en el Perú –especialmente los jóvenes. Habría que preguntarles a todos los congresistas para ver que tan informados están de lo que pasa en el país.
Pero la discusión no debería enfocarse en Graciela. Lo que ella ha hecho es llamar la atención sobre la situación de la salud pública en el país. Si Graciela necesita S/.20,000 para el tratamiento de su madre, entonces ¿qué esta cubriendo el Estado? Gracia Yataco no es la única persona que se pasa por las redes de la seguridad social peruana. En le Perú, menos de un tercio de la población esta asegurada. La gran mayoría no tiene ingresos suficientes para cubrir los gastos médicos más básicos. ¿Dónde esta el Estado? ¿Dónde esta el debate en el Congreso o la propuesta de ley que reforme la seguridad social de una vez por todas?
Durante la última década, la privatización del Estado incluyó varios aspectos de la seguridad social, en especial el sistema de pensiones. Esta semi-privatización no ha logrado una mayor cobertura –no ha ayudado a cubrir a los que no estaban cubiertos antes. Tampoco ha colaborado en el fortalecimiento del Estado y su capacidad para proteger a quienes no tienen la opción de participar del sistema privado. La aparición de las EPS no ha ayudado tampoco, pagándole menos a los médicos y compitiendo contra ESSALUD y debilitando su capacidad de ofrecer mejores servicios.
Pero ninguna de estas reformas ha tomado en cuenta a los más de 12 millones de peruanos que viven en pobreza y a los millones que viven en el límite. Graciela es una de ellos. Es una peruana que no tiene un trabajo formal ni estable, que no gana lo suficiente para ahorrar (menos un para pagar un seguro medico), que vive en condiciones sanitarias y habitacionales precarias, que no tiene acceso a las instituciones del estado, que paga mas por unidad de agua y energía que lo que se paga en San Isidro y que no tuvo una educación que le permita conseguir un buen trabajo.
Ahora que Graciela tiene la ayuda de un empresario limeño, el problema parece haber desaparecido de los titulares. Pero la realidad es que el problema sigue ahí. No se ha ido a ningún lado. Hoy mismo miles de peruanos están considerando medidas aun más drásticas para juntar los fondos necesarios para ayudar a sus seres queridos. Moralmente hablando ninguno de ellos tiene nada de que estar avergonzados (¿Imagínense una sociedad en la que no hacemos todo lo posible y necesario para ayudar a nuestros hermanos, padres o hijos?). La vergüenza debe ser de los ‘fundamentlistas’ que han atacado a Graciela y, en el proceso, le han dado la espalda a la realidad del país. Ellos son los inmorales.




