Evo Morales ha sido elegido Presidente en Bolivia. La primera reacción de muchos será condenarlo al fracaso y empezar a hacer maletas ‘por si las moscas’; no vaya a ser que lo de Bolivia contagie al Perú. En los últimos meses he escuchado miles de adjetivos despectivos en relación de Evo Morales. He leído decenas de opiniones de expertos y predicciones de su fracaso.

 

Hoy, sin embargo, Evo Morales ha ganado las elecciones de su país. Aparentemente con más del 50% (o cerca de). Pasemos la página. Y por primera vez en su historia, Bolivia tiene un presidente de raíces indígenas. Evo Morales es el primer presidente boliviano que por orígenes étnicos, culturales, sociales, económicos y políticos representa a la mayoría del pueblo boliviano.  Era el único candidato calificado a competir por el sillón presidencial.

 

Entre las cosas que se ha escrito sobre Evo Morales lo que más me ha llamado la atención son las acusaciones sobre su culpa en la situación de Bolivia. Bolivia es el país más pobre de Sudamérica. Sus niveles de pobreza y exclusión son comparables con el África sub-Sahariana. (Como lo son los niveles de desnutrición en algunas zonas de Lima, no nos apresuremos en tirar la piedra.) Bolivia también tiene las reservas de gas natural más extensas de la región, después de Venezuela. Pero la situación de los bolivianos no pude ser culpa de Evo Morales o  de sus seguidores; ninguno ha gobernado, todavía. No se puede culpar de la debacle institucional que sufre Bolivia a las personas que han sido excluidas del proceso político desde la creación del país. Los únicos culpables son la élite económica que hasta el momento ha gobernado. Las personas (familias) que se han turnado el poder y lo han usado para enriquecerse y reafirmar su posición privilegiada.

 

El pueblo boliviano le ha tenido paciencia. Cuando saquearon la plata y la lata del suelo boliviano, fueron los indígenas bolivianos los que se sacrificaron en las minas; pero nada quedó para ellos. Cuando el Banco Mundial y el Fondo Monetario decidieron lanzar su ahora fallido modelo de reformas estructurales en el mundo en desarrollo, Bolivia fue elegida como el conejillo de indias; hace 20 años la capacidad del Estado Boliviano para responder a las necesidades de sus ciudadanos desapareció. El fracaso boliviano es culpa de la clase gobernante que hasta ahora ha gobernado para una minoría que, en alianza con los capitales internacionales, ha colaborado en la extracción sistemática de recursos (naturales, económicos y humanos) de Bolivia.

 

Esta es la élite que ha criminalizado un producto que es la base de la cultura de más de la mitad de la población boliviana. Que ha poblado La Paz de anuncios de publicidad con rubias y rubios; que obtiene su apoyo de los grandes terratenientes de las zonas bajas del país donde el trabajo forzado y semi-esclavizado es endémico; que ha permitido que un gobierno extranjero diseñe y lleve a cabo incursiones militares contra sus ciudadanos en su territorio.

 

Bolivia tiene mucho camino por recorrer. Pero un gobierno indígena es el único camino posible para Bolivia. Ahora hay que tener paciencia. Después de doscientos años de esperar, la mayoría de los bolivianos tiene la oportunidad de gobernar. Ahora necesitan el apoyo de todos para aprender a hacerlo. En el proceso se equivocarán, cometerán errores políticos e implementarán políticas imperfectas. Pero tendrán que levantarse nuevamente y seguir adelante. El rol de sociedad civil boliviano nunca ha sido más importante. Llegar al poder es fácil en comparación con lo que costará mantener el poder. Las organizaciones de la sociedad civil tienen el rol de alimentar al gobierno con ideas y alternativas, monitorear sus actividades y resultados, desarrollar sus capacidades, y ofrecerle una mano amiga a cada tropiezo.

 

Paciencia, pueblo de Bolivia. Las reformas no llegarán de la noche a la mañana; y el impacto de las mismas tomará aún más tiempo. Pero, lo importante, es que por primera vez, un pueblo sudamericano gobierna por mandato democrático y eso no debe cambiar. Hay que pensar en la siguiente generación de Evo Morales; candidatos para la continuación de la visión de este movimiento social: independencia.