Hoy en la oficina tuvimos una reunión interna sobre un proyecto en el que un equipo del centro de investigación donde trabajo esta involucrado. El proyecto se enfoca en programas y proyectos financiados por donantes que buscan apoyar lo que llaman: “Voice and Accountability”.

 

Voz y voto

Voz y rendición de cuentas

Voz y control social

Voz y justicia

Voz y responsabilidad

Participación y …

Empoderamiento y …

 

El concepto de Accountability es el que más me interesa para esta pequeña nota. Por Accountability entre el gobierno y los ciudadanos, en inglés por lo menos, nos referimos principalmente a la redición de cuentas en tres áreas: financieras (que la plata se haya usado para lo que estaba presupuestada y no se haya perdido en malversación y corrupción), de procesos (que los procesos y servicios públicos se llevan a cabo tal y como se deben llevar a cabo, de manera eficiente y respondiendo a las responsabilidades del servicios publico) y en la política (que los políticos cumplen lo que prometen). Y Accountability puede ser ejercida de manera horizontal (por otras instituciones del Estado, por ejemplo, el poder judicial, el parlamento, la defensoría del pueblo, etc.) o vertical (por los ciudadanos por un lado y por organismos internacionales, por otro lado, por ejemplo).

 

Accountability es un concepto interesante. Por ejemplo, si un colegio le envía sus presupuestos y la forma en la que han gastado los fondos que reciben del gobierno a los padres de los alumnos, podríamos decir que las autoridades del colegio les están rindiendo cuentas a los padres. Este tipo de rendición de cuentas ha avanzado mucho en el Perú –aunque aún queda mucho que hacer.

 

Un área en la que no se ha avanzado todavía es en la rendición de cuentas políticas. Hay algo que me llama la atención de la política en el Reino Unido y que me fascina –por lo distinto que es en el Perú. Cuando el Primer Ministro, o cualquiera de sus ministros (que son los ‘miembros del gobierno’), dicen algo, eso que dicen se convierte en parte de la policy (una política). Si Gordon Brown dice que el gobierno va a mandar 10 millones de libras a las zonas afectadas por las inundaciones más le vale que mande 10 millones de libras. Los medios toman esa promesa como un hecho. Los miércoles, en la sesión semanal de “Preguntas al Primer Ministro”, los parlamentarios de la oposición (y de su propio gobierno) le van a preguntar. Le van a obligar a rendir cuentas –no sobre la plata, ni sobre cómo se mandó o no, sino sobre el hecho que mintió.

 

No quiero decir que los políticos acá no mienten. Mienten. Blair ha mentido por los codos, si me preguntan, a un peruano. Pero cuando prometen algo y no cumplen, pagan políticamente. Los medios los atacan, los otros políticos los atacan, los votantes los atacan, y sus colegas se les alejan.

 

De alguna manera, García está pagando por los pecados de un sistema político que obliga a mentir y que no ha creado suficientes incentivos para premiar la solidez y sinceridad. Para ganar, están obligados a hacer promesas imposibles de cumplir. Y para mantener el poder deben prometerle de todo a todos y meter floro para no molestar a nadie. A Alan no le queda otra más que negociar entre los intereses de todos por los próximos 4 años. Buena suerte.

 

Hace un tiempo había en el Perú esa compañía que les mandaba a los hombrecitos amarillos a los estafadores. Habría que traerlos de vuelta. Vestidos de blanco y rojo y mandárselos a los políticos que prometen pero no cumplen. O simplemente presentarlos en los medios como Perico de los Palotes, Mentiroso.