Como ha cambiado el Perú que nuestro presidente tiene tiempo para escribir artículo tras artículo en diversos medios impresos peruanos. Ya no son los balconazos ni los días de 25 horas dedicadas enteramente a apagar los incendios desatados por la inoperancia propia y ajena del gobierno de turno y sus aliados y enemigos. El presidente García ha tomado nota de la experiencia de sus predecesores en materia del uso de los medios. Ahí donde Toledo fracasó y Fujimori triunfó, Alan García quiere dejar su huella. García sabe algo que Fujimori sabía también: si no está en los medios no existe; pero los medios, en el Perú, también son flojos (en su mayoría) y entonces, solamente hay, pues, que decirles lo que existe y lo que no existe. Lo que es y lo que no es.

 

El último artículo de García en El Comercio, por ejemplo, ha sido recibido sin mayor crítica o contra-opinión. El artículo de El Comercio sobre la China en el que el Presidente de la República del Perú se convirtió en relacionista público y apologista de la represión china en el Tíbet, se publicó sin la opinión de expertos sobre el tema. Nadie, ni un escritor del staff de El Comercio, o un experto o personalidad sobre el tema (derechos humanos, derecho internacional, historia china, desarrollo internacional, etc.) fue invitado a presentar una propuesta o postura alternativa a la del Presidente. (Es difícil encontrar un artículo de una autoridad británica –incluido el primer ministro- sin una serie de opiniones alternativas; y algunas favorables). El Comercio, más que cualquier otro medio en el Perú, tiene la responsabilidad de abrir el debate y no cerrarlo.

 

Nadie argumentó que el Presidente García olvidó el hecho que la China invadió al Tíbet, hasta ese momento un Estado independiente, y por lo tanto violó el mismo derecho internacional que protege nuestras fronteras y al cual el Estado peruano se ha comprometido a defender. O que una cosa es mantener el orden y otra es reprimir la expresión de opinión y la libertad de pensamiento –que el Estado peruano defiende, supuestamente. O que si bien la China ha levantado a millones de la pobreza, lo ha hecho a costa de las vidas de otros millones; y que su crecimiento estará acotado al daño que le ha causado y le seguirá causando, al parecer, al medio ambiente. Y que el hecho que las potencias de occidente hayan hecho exactamente lo mismo en el pasado que lo que hace la China hoy no lo hace aceptable –ni antes de ahora. Este relativismo moral no es aceptable en un presidente (en nadie, en mi opinión) ya que es la base del “todos lo hacen” o “solamente seguía órdenes”.

 

En este tema, García quiere acorralarnos para absolutizar su argumento. Ha tocado el tema por todos lados. Estuvo cerca de llamar a los críticos de la China ‘perros del hortelano’ y re-editar su ya famosa versión de la tercera vía (faux, sería el adjetivo indicado pero no sí dónde ponerlo en la oración). Pero la China realidad nacional lo obligó a dejar a la China de lado para enfrentarse a los fantasmas del pasado.

 

Sobre la inflación, García estableció una teoría similar a la que utilizó en su defensa de la represión en la China. “No es nuestra culpa, son los poderes internacionales”. La tesis de García es que todo está bien en el Perú así que no hay nada que temer a los cambios y tendencias globales, que además son temporales y sobre los que nosotros tenemos poco o nada que hacer. La solución, por lo tanto, es la calma y la paciencia (esto es lo que dijo en RPP). Esto le cae muy bien a él que seguro tiene una que otra idea para varios artículos más; pero no le sirve a los millones de peruanos que se han quedado atrás, olvidados en los últimos 500 años (o mejor digamos en el último ciclo de crecimiento económico).

 

García, entonces, no solo es anacrónico en su defensa del autoritarismo chino (en un mundo en el que, para bien o mal, nos movemos hacia la promoción de la democracia) sino también en su discurso de desarrollo: crecer, crecer y crecer. Este discurso del Consenso de Washington ha sufrido varios rebrandings y relanzamiento. Es lo mismo que antes. Crecimiento económico que se alimenta de la pobreza y falta de institucionalidad pero que no es suficiente para reducir la pobreza o construir instituciones que se necesita para crecer lo suficiente y en la manera necesaria para reducir la pobreza y construir instituciones. No lleva al desarrollo. Pero esto, de acuerdo con sus promesas pre-precidencia, lo sabe el Presidente.

 

Las últimas cifras de la ENAHO muestran que la pobreza rural no ha cambiado en nada que y que la pobreza urbana apenas ha cambiado. La pobreza extrema se mantiene casi igual –a pesar de crecimiento acelerado y continuo de los últimos 10 años.  Y al ser una pobreza medida únicamente por el ingreso, cuando el ciclo económico se revierta una buena parte de esos viejos pobres regresaran al lugar que les ha correspondido siempre.

 

El argumento de este ciclo vicioso (y que hay que convertir en virtuoso invirtiendo de lleno en la reducción de las inequidades y la pobreza) lo ha econometrizado el Banco Mundial y ha sido reforzado por los recientes estudios del Banco y del BID sobre los excluidos del crecimiento. (Que no están, como dice Richard Webb, fuera del sistema sino que son una parte integral del mismo. Crecer a los niveles y de la forma en la que hemos venido creciendo depende justamente de los ‘excluidos’ que pagan con sus bajos salarios por nuestros beneficios.)

 

Apenas, sin embargo, se escucha este argumento alternativo al del Presidente García.

 

Alan García ha aprendido otra lección (esta vez no sólo de Fujimori sino también de Morales y de su ‘best friend’ Chavez): cuando las cosas no están tan mal o cuando hay plata, se puede gobernar por decreto y eliminar u obviar la institucionalidad sin que nadie diga ‘esta boca es mía’. De acuerdo a la SIP, la situación de la prensa en el Perú ha empeorado. Cómo nunca en mucho tiempo, la disidencia intelectual o política es catalogada como terrorismo (hasta de los medioambientalistas que hace unos años catalogábamos de ecologistas amanerados); que orgulloseos estarán los chinos cuando el presidente les cuente de sus hazañas mediáticas. Que orgulloso estará Fujimori y sus fans nipones a los que el presidente quiere agraciar tanto.

 

Agraciar. Esta es mi teoría: Alan García está motivado por el potencial de dejar un legado que borre la catástrofe de su gobierno anterior. García quiere convencernos que el primer gobierno no existió. O, en el peor de los casos, que fue un accidente –mala suerte. Que no fue su culpa. Como que no es su culpa que ahora nos enfrentemos a un alza inflacionaria o que los precios de los alimentos a nivel global continúan aumentando (ahora no es su culpa, es cierto) –se prepara su excusa. Su legado, en los pocos años que tiene hasta las nuevas elecciones, está cantado: un crecimiento económico record. Sus sostenibilidad e inclusividad puede ser cosa del legado de otros que le sigan. No es sonso nuestro presidente.

 

Por ello es que aguanta la única política aceptable para enfrentar la inflación que vivimos dado el contexto nacional e internacional: aguantar la demanda interna. En lugar de eso prueba medidas arancelarias, subsidios y discursos que poco o nada tienen que ver con as políticas económicas que necesitamos.

 

En el mundo de Alan García, el crecimiento peruano es la envidia de todos y sus críticas (al igual que aquellas dirigidas a la China) son nada más que comentarios maliciosos por personajes y poderes opuestos a la China (digo, al Perú): como el Premio Novel de economía, por ejemplo.

 

Nadie le ha dicho al Presidente García que los asesores del gobierno sudafricano hablan de evitar la experiencia peruana de crecimiento con inequidad. O qué el modelo del goteo no es sostenible ni recomendado –ni por el banco ni sus otros antiguos dobermans. Crecimiento con equidad o crecimiento pro-pobre es lo nuevo. El problema es que el presidente sí sabe de todo esto pero ha decidido no hacer caso. Su legado (política) ha primado sobre la política correcta (técnica).

 

Mi impresión es que le teme a lo que no hay que temerle. En muy poca parte por ignorancia –en parte por terquedad –y en parte por interés (suyo y de los que lo rodean).

 

Le teme a la idea de los foros o las cumbres alternativas (a las ideas alternativas) –pero buena parte del financiamiento de estos eventos y procesos viene de los mismos países europeo e instituciones multinacionales que participarán de los procesos de APEC y de la cumbre de la UE–LAC. La diversidad de opiniones es buena, no mala. Cuando no hay varias opiniones se llama dictadura. Y eso no es lo que tenemos.

 

Le teme también a la idea de la brecha en el ingreso o la inequidad (más amplia, relacionada a los derechos y oportunidades) como si esta fuera únicamente la preocupación de los radicales de la izquierda. De hecho es, cada vez más, la principal preocupación de las grandes corporaciones que ven como se acercan a los límites de la mano de obra calificada y del mercado. García cree, parece, en la visión de Kennedy que decía que si sube la marea todos los botes suben con ella sin importar de qué tamaño sean. Pero los empresarios ya se dieron cuenta que algunos de esos botes están anclados al fondo del mar y hacen agua –y se están hundiendo. Reducir la brecha y la pobreza es buen negocio. A diferencia de el del Presidente, el legado del sector privado no tiene una duración de 5 años y deben pensar en el largo plazo.

 

Le teme también a cuestionamientos medioambientales o de derechos (humanos, sociales, económicos, políticos) como si estos fueran cosa de los que no quieren al mercado y la prosperidad. Debería prestar atención al presente liderazgo del partido de la Thatcher que se ha relanzado como el partido verde (con nuevo logo: un árbol) y con un discurso sobre los vínculos positivos entre el crecimiento y la protección medioambiental (ojo que no soy Conservador, eh). Un líder con visión lideraría un cambio radical para convertir al Perú en un país verde y competitivo: de exportadores de productos orgánicos, de productores de minerales con una huella de carbono mínima, un destino de turistas medioambientales y la envidia del mundo por un crecimiento limpio, justo y sostenible. Hoy, en el Reino Unido, la demanda por productos orgánicos y de comercio justo supera a la oferta. Mañana, los millonarios chinos, después de pasar por la etapa de nuevos ricos malgastadores, adoptarán la moda europea por lo sostenible: ¿Estaremos listos para ese mercado?

 

Finalmente, García le teme a Caballo Loco; a perder el control. Si algo bueno hizo Toledo fue dejar que sus ministros, más competentes, trabajen. Sin una estructura partidaria que le atara las manos, pudo dejar que otros lideraran el cambio. Algo bueno hicieron. Pero todos sabemos que el García de hoy no es Caballo Loco. Y si lo fuera, algo, el Perú no es el de los 80s. Los actores políticos (públicos y privados) han desarrollado; existe una nueva clase creativa que facilita y acelera el cambio; y estamos integrados (en parte y en ciertas partes) al mundo. Los ‘checks and balances’ que tenemos hoy son infinitamente mejores que los teníamos antes (aunque con sus ataques a la sociedad civil y a los medios, el Presidente y su gobierno los están debilitando). Por lo pronto, si Caballo Loco se asoma, lo sabremos con tiempo (¿ah sí?)

 

Acabo con una propuesta sencilla. Si tanto quiere el Presidente ser o hacerse de intelectual, que asuma el rol a cabalidad y que promueva y apoye (con políticas y dinero) más y mejor investigación científica, económica y social en el Perú. Que participe en la producción y la socialización de nuevos conocimientos que le den, a él y a sus sucesores, más y mejores opciones de políticas. Y que presente y defienda sus teorías entre intelectuales: con debate.

 

Ese es un legado que quiero recordar -es posible, sostenible y envidiable.