La semana pasada, con la extradición de Fujimori, el Perú se ha posicionado frente a frente con uno de sus principales retos como Nación. Cuando los Vladivideos inundaron los medios hace siete años, el castillo de naipes colapsó frente a los ojos de todos. Ahora nos toca ver como construimos las bases y estructuras de un edificio que pueda durar por varias generaciones por venir.
Este no es un juicio más a un violador de derechos humanos. Fujimori, por más despreciable que lo consideremos algunos, es uno de los personajes más importantes de la historia moderna del Perú. Su mandato cambió al país, sus estructuras económicas, sociales y políticas. Pero lo cambió tanto que nada parece distinto, ya. Es como si hubiéramos regresado en el tiempo a una época en la que Alan García era presidente y Fujimori apareció de la nada para tomar su lugar en Palacio de Gobierno.
Y aquí estamos nuevamente. Alan García protegiendo su segunda oportunidad y Fujimori buscando una cuarta. Lo que debería ser la oportunidad para que el Poder Judicial se gradúe de la primaria y demuestre su verdadero potencial es, en realidad, y fundamentalmente, un proceso político –una pugna por un poder ilegítimo.
La pugna es privada y pública. Alan García no quiere perder el apoyo de Fujimori en el Congreso ni que el juicio de Fujimori abra heridas del pasado que nos lleven a preguntarnos sobre las violaciones de derechos humanos que sucedieron durante su gobierno. Habría sido más fácil que los chilenos lo hubiesen mandado de vuelta a Japón –algo más que recriminarle a Chile.
Ahora, el partido se juega en su cancha y los medios -los Apristas, los Fujimoristas y los independientes- mantendrán las barras vivas con cantos y banderolas. Y, seguramente, llevarán la batalla a las calles y los quioscos de periódicos.
El único equipo que vale en este partido, sin embargo, es el Poder Judicial independiente. Su independencia debe ser re-afirmada y protegida. Como en los procesos electorales, una comisión observadora debe ser conformada e invitada a participar del Juicio del Siglo. Nadie debe asumir poderes que no le corresponden ni son capaces de ejercer. Si existen deficiencias y limitaciones debemos ser lo suficientemente maduros para pedir ayuda. Nuestra autonomía no está en juego –sino nuestra madurez como Estado-Nación.
Tres consejos/recomendaciones a tomar en cuenta:
1. Establecer una comisión de observadores independientes (representantes de la OEA, la Comisión Andina de Juristas, la Unión Europea y la Corte internacional de Justicia, por ejemplo).
2. Re-afirmar públicamente la independencia del Poder Judicial y auto-censura por parte del Ejecutivo y el Legislativo de opinar sobre el tema (salvo cuando les corresponde como parte del triunvirato de poderes).
3. Adoptar un codigo de conducta para los medios de prensa que asegure que el proceso se cubra y analice de manera mesurada y balanceada.




