Nostalgia, podríamos llamarlo. De un tiempo pasado, cuando afinábamos el oido para calcular la dirección de donde vino la onda expansiva. Cuando listábamos los posibles blancos. El Banco de Crédito de Todos. No, el Continental. No, Petro Perú. Fue el Banco de Crédito.
Se cuadraba al carro lleno de anfo y dinamita. Se bajan los terrucos. Y unos minutos después bum. Bum no es el sonido. En realidad era un sonido seco. Y desde la distancia se escuchaba con la onda y el ruido de las ventanas a punto de romperse. Se sentía venir. Se escuchaban las ventanas de edificios unas cuantas cuadras más allá. Más cerca del coche bomba.
Simple. Un carro. Hecho de metal. Anfo y dinamita. Bum. Nos tenía aterrorizados (bueno, cuando empezaron a explotar en Lima).
Este fin de semana, los coches bomba llegaron a Londres. Por suerte no llegaron al bum. Se quedaron en la estacionada (en Londres) y en la prendida (en Glasgow). Pero le han cambiado la cara a esta ‘guerra’ ridícula.
Hoy, Wimbledon despertó con barreras de concreto en las calles. Y varios aeropuertos han cerrado el acceso de los carros hasta el Terminal.
Nostalgia. Porque, en el fondo, todo tiempo pasado fue mejor. Y en esa época cuando todo era un desastre nosotros estuvimos bien. Pero ahora, cuando ya nos dimos cuenta que las barreras de concreto no ayudaron en lo más mínimo, pena. Lástima que Londres se llene de barreras de concreto.
Esta es una ciudad abierta. Llena de espacios públicos. Empezamos con Wimbledon y los aeropuertos. Siguen las embajadas. Las transnacionales. Los centros comerciales. Las casas de los embajadores. Las calles de los ricos. Las calles de los pobres.
Nostalgia. Que pena que sea esa parte de los 80s la que viene a la mente.
Ya se habla de cerrar los bordes. Se habla de extender los periodos de detención sin cargos.
Ya la paciencia se acaba. Ya se cansaron de caminar sobre cáscaras de huevos, como dicen acá, cuando hablan de los grupos islámicos. Ya se empieza a culpar a los llamados líderes de las comunidades. (¿Líderes elegidos por quién?)
Esta ‘guerra’ no tiene como acabar. Cada ataque es un ataque sobre ‘nuestro estilo de vida’. Sobre ‘nuestros valores’. Cada respuesta es un ataque sobre ‘el estilo de vida de ellos’. Sobre ‘sus valores’.
Se has creado en Gran Bretaña mini países. Mini Bangladesh. Mini Pakistan. Mini Yemen. Mini Irak. Mini Irán. Nadie habla inglés. Nadie tiene que hablar inglés. Basta con el idioma que hablaban en las versiones grandes de sus mini países. Y de esos mini países mandan embajadores a los medios de comunicación y al gobierno y a la sociedad civil. Pero los mini países, como cualquier país, tienen sus propias agendas, intereses, normas y leyes. Son mini países.
Esta ‘guerra’ no la van a ganar porque la están peleando contra ellos mismos. No es Sendero contra el Gobierno. Es Peruanos contra Peruanos. Es personas contra personas. Es fe contra fe. Es fanáticos contra fanáticos. Es concreto contra anfo y dinamita (en este caso es gasolina y propano).
No se pueden invadir estos mini países. Estos mini países son parte de este país. No se pueden desbaratar. Ni se pueden integrar. Eso toma mucho tiempo y la ‘guerra’ hay que ganarla, dicen. Todos.




