En las últimas 2 semanas nos hemos pasado el tiempo discutiendo los detalles y consecuencias de los ataques en Londres. La noticia que las bombas fueron detonadas por suicidas, la mayoría de ellos nacidos en el Reino Unido, desato una serie de debates alterados y ataques innecesarios a musulmanes que nada tienen que hacer con los atentados.
Yo me he estado preguntado como se relaciona esto con lo que sucede en el Perú. Al fin y al cabo, este blog fue creado para opinar y hablar sobre políticas en el Perú. Ayer, después de los nuevos tentados, la prensa británica menciono, de paso, que una de las consecuencias de los ataques seria que una serie de medidas “anti-terror” serian apresuradas por el Parlamento. Las leyes en cuestión incluyen medidas para arrestar personas sospechosas sin pruebas irrefutables. Le conceden al ministro del interior el poder de detener a estos sospechosos por encima de los jueces. En general, le ofrecen al gobierno el poder de conducir una guerra privada contra “el terror”. Suena conocido.
Hace 15 años, en un país es sudamericano, un presidente japonés inició una guerra parecida. Las leyes que condenaron a miles de inocentes, desbarataron el sistema judicial peruano y nos condenaron al repudio internacional, ahora son las elegidas por Tony Blair y su mejor amigo, George Bush, para conducir su propia guerra ‘contra el terror’. Bueno, para ser justos con Blair, Bush ya es todo un experto con esto. En Guantánamo, los Estados Unidos vienen violando derechos humanos de manera sistemática. The New Yorker se ha pasado los últimos meses publicando una serie de reportajes sobre estos y otros abusos condenados por cuanto tratado internacional de derechos humanos existe.
Entonces, la condena a nuestras leyes se torna en algo distinto. Ya no hay condena. Ahora no se habla de lo que hacen los gobiernos que violan derechos humanos. Nadie discute las atrocidades en Uzbekistán (donde meten a los prisioneros en grasa hirviendo) o las 25,000 muertes de civiles en Irak desde la invasión (a manos de los aliados –la insurgencia sólo ha causado el 9% de las muertes).
Esto no significa que las leyes que nos gobernaron durante casi 10 años no hayan sido inconstitucionales y condenables. Tampoco significa que las prácticas o leyes que están utilizando los gobiernos ‘desarrollados’ no sean igualmente inconstitucionales y condenables. Pero si significa que debemos empezar a ser tan críticos de estos llamados países desarrollados como ellos son de nosotros. No debemos tomar todo lo que dicen como cierto.
Así como ellos nos investigan nosotros debemos investigarlos a ellos. Descubrir que existen violaciones de derechos humanos en USA e Inglaterra. O que hay casos de racismo en España. O que los subsidios a los agricultores en la Unión Europea, Japón y USA destruyen nuestras posibilidades de desarrollo. O que las prácticas corruptas de las multinacionales condenan a nuestras sociedades a ciclos interminables de corrupción. O que la comida chatarra y rápida esta causando una epidemia de obesidad en USA que tiene el potencial de reducir la esperanza de vida (o sea que Burger Kings y KFCs no significan desarrollo, al fin y al cabo).
En las elecciones que se aproximan seamos cuidadosos de las comparaciones internacionales. Si vamos a copiar o aprender de otros aprendamos de los mejores. No de los peores. No copiemos sistemas de salud que no sirven, ni economías consumistas que nos hacen obesos y corruptos. No seamos atorrantes ni racistas. Seamos mejores.




