Mucho se hablará de la primera década del milenio. Que regresamos a la democracia. Que la economía del Perú creció. Que, al menos en la superficie, el país (Lima) se transformó en un ciudadano más de la aldea global. Para bien o para mal. Dejemos de lado los aspectos más negativos de lo que va de la década, por un blog: la culturalización de la impunidad, el aumento de la inequidad, la aceptación de un modelo de crecimiento que arriesga su propia sostenibilidad (y la depredación del medio ambiente).

 

En los siete años que van de esta década, apuntamos, por primera vez, a una que podamos salvar del sello ese de “la década perdida” por el que los 70s, 80s y 90s compiten fieramente.

 

En lo que va de esta década el Perú, y los peruanos, hemos logrado cambios importantes. No tanto en las instituciones del Estado –que continúan siendo el yugo que nos mantiene y mantendrá atados a las políticas esas que dije quería dejar de lado- sino en nosotros mismos. Algunos cambios son más importantes que otros, claro –algunos tienen aires de artículo de Cosmo, inclusive. Pero los cambios que valen son principalmente significativos en cuatro áreas: Política; Economía y negocios; Creatividad y arte; e Imagen nacional.

 

No voy a listar a los nuevos chefs ni artistas que han ido apareciendo. Ni hacerle el favor a algún político o empresario. En el Perú nunca se sabe. Pero voy a jugármela y sonar un poco (bueno, bastante) pretencioso. Voy a sugerir que hay tres generaciones que se han venido a encontrar en un momento histórico para el Perú.

 

La primera es la que hoy constituye el motor (y no el liderazgo, las cabezas, que vienen de una generación quemada, ya) del actual gobierno. Los Ministros y Ministras jóvenes, sus asesores y jefes de gabinete –que desde ya casi una década han venido trabajando desde la academia y la sociedad civil a favor del interés y el bien público. Esta es la generación de los fines de los 30s y los comienzos de los 40s. Los que vienen empujando un cambio basado en un estudio serio y un compromiso constante: no con el partido sino con el objetivo de un Estado más justo y eficiente.

 

Es la misma que apostó por la bolsa y la empresa cuando se caía la economía en pedazos hace una década. En esos días regresaban de las maestrías y años de auto-exilio. Eran los años de la incertidumbre. Los 90s de la esperanza y el boom; y los 90s del desencanto y la recesión. Son los profesores universitarios de los 90s. Son los que se graduaron con la llegada de Fujimori.

 

La segunda es una generación nueva. Es la que llegó después que Sendero se fue. No la que se acuerda de la captura de Abimael. Ni la que se acuerda de auto-golpe. Es la que no se acuerda. Es la generación que llego tarde a los 90s. Que nació en los 80s. Sin Sendero para encadenarlos a sus casas tuvieron la libertar de explorar una Lima que nacía, re-nacía. La que no se acuerda de la inflación. Esta es la generación de la creatividad. Es la generación que está llenando las escuelas de arte; que está reventando la web peruana de páginas, blogs y vlogs. Esta es la generación que le dio nueva vida a la noche de Barranco, de Miraflores y de los nuevos centros nocturnos de los Conos. Esta es la generación que empezó a marchar por las calles con la caída de Fujimori. Que prestó atención cuando se cayó el palacio de naipes. Es la generación que no tiene miedo, porque no sabe lo que es que salgan las cosas mal.

 

Esta es la generación que se subió a los camiones otra vez – a explorar el país. La que creció con las historias del Perú de la generación anterior (anterior a la de la primera, inclusive) como las vieron en la TV. Es la generación que le dio un empuje final al Rock peruano, a la TV, al teatro –justo antes que las generaciones que los mantuvieron sobreviviendo por tanto tiempo se dieran por vencidos.

 

En los primeros siete años del nuevo siglo, Lima, si Lima, que no es el Perú, es un indicador de lo que puede ser el Perú, entonces hemos cambiado casi irreconociblemente.

 

Pero no totalmente. Sigue igual, en el fondo. Y ese es el reto de la década: que lo que parecen cambios sean, de verdad, cambios.

 

Eso le toca a una tercera generación. A la que pertenece, en realidad, la década que viene. Pero sobre la que ha caído la responsabilidad de aguantarla hasta la siguiente cuando le toque, por fin, ser el motor. Esta es la generación que nació con la democracia allá por los fines de los 70s. Es la generación que ingresó al colegio en los comienzos de los 80s, que entró a secundaria con Fujimori y el auto-golpe y a la universidad en la segunda mitad de los 90s. Es la generación que despidió a los Prisioneros cuando todavía no entendía bien lo que decían y los recibió de nuevo habiéndolos extrañado por una década.

 

Esta es la generación que hoy asesora a la primera generación. Que trabajó los sueldos de la recesión durante los primeros cinco años de esta década y hoy se prepara en el exterior. Es la generación que se hincha el pecho con el Perú y que está vendiendo la imagen del Perú en el mundo.

 

Nos toca aguantar unos pocos años más. Acompañar a los que nos guían y enseñarles el camino a los que nos siguen. Nos tocó vivir una de las décadas más interesantes e importantes de la historia moderna del Perú: dos décadas perdidas. Nos toco vivir la hiperinflación, el terrorismo, el shock, el renacimiento, la recesión y la destrucción de las instituciones políticas, económicas y sociales que conocimos todas nuestras vidas. Y nos tocó poner la cara en las primeras filas de las marchas, ser los observadores electorales, ver el renacimiento de la libertad de opinión –no solamente en los medios tradicionales sino en la web- y nos tocó ayudar a re-ordenar al país.

 

El reto, sin embargo, está por venir. Ahora nos tocan los retos serios. Los que no han querido o podido enfrentar las generaciones que vinieron antes de las nuestras:

 

La brutal inequidad que nos lleva al abismo después de la euforia: la riqueza de pocos y la miseria de muchos.

 

La pérdida irreversible de los que más nos enorgullece: nuestros recursos naturales.

 

Estos son los dos retos más importantes. Podemos seguir creciendo cada año. Pero sin una solución para la inequidad y la depredación del medio ambiente no creceremos más; o no por mucho tiempo más. Y sin una solución definitiva (al hambre –literal y metafórica) perderemos la década –otra vez.

 

Esta vez, sin embargo, somos tres las generaciones a cargo. Tres las que podemos imaginarnos un Perú mejor. Somos tres las que podemos hacer de la siguiente década, la década dorada cuando nos toque ser el motor: acompañados por los nuevos líderes y una cantera creativa que no ha tenido el Perú –nunca antes.