Alan García dio uno de esos discursos que los políticos sueñan con dar, por lo menos, una vez en sus vidas. El Perro del Hortelano, seguramente será uno de esos discursos que serán recordados por muchos años más. Es, sin duda alguna, algo novedoso en el Perú. García ha dado su receta para la reforma de la sociedad peruana. Es su receta para el desarrollo del Perú.

 

Lástima que lo haya dado diez años muy tarde. Cuando la ‘tercera vía’ ha sido desenmascarada y expuesta por lo que es: nada más que una versión más digerible del liberalismo tatcheriano (disfrazado por un mensaje de compasión y una imagen de altruismo que no es nada más que una nueva versión del paternalismo del “norte sabe más”).

 

De acuerdo en algunos puntos. En desacuerdo en varios otros.

 

Veamos:

 

El primer recurso es la Amazonía… El segundo, es la tierra… El tercer tema es el de los recursos mineros en los que el Perú tiene la riqueza más grande del mundo, no solo por la cantidad sino también por la variedad de recursos mineros, o que permite que si un producto baja de precio, se compense con otros productos.

 

El problema con estos recursos no es que estén ociosos. Si. En muchos casos lo están. El problema es que, aunque esto no parezca importarle lo suficiente a García, la propiedad del recurso sí es importante.

 

Y es que allí el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista.

 

Todos podemos cambiar y educarnos y adaptar nuestra forma de pensar. Que García haya sido proteccionesta (ese del que habla) no lo descalifica hoy como neo-capitalista. Tiene el derecho de pensar lo que quiera pensar. Pero se equivoca al meter al medioambientalista en el mismo saco que al anticapitalista y el viejo comunista (hasta al nuevo comunista). Nada ni nadie dice que el medioambientalista este en contra del capitalismo. Seguramente esta en contra del capitalismo depredador. Pero no es, estoy seguro, un viejo comunista que habría aplanado la selva a favor del progreso (y que le da más cosas en común con el capitalista de lo que se piensa).

 

Pero el medioambientalista de hoy habla más y más de un capitalismo justo. Es el mismo modelo del que hablan los capitalistas europeos (y sobretodo los británicos que se balancean entre el socialismo continental y el capitalismo estadounidense). El modelo hoy exige y exigirá que lo que se compre y venda en el mundo desarrollado o industrializado sea ético, orgánico, justo. Que haya pagado precios justos, que haya protegido a los trabajadores, que haya contribuido a la protección del medio ambiente, etc.

 

Esta idea de García de aprovechar los recursos ociosos dándoselos a los que tienen los recursos para explotarlos es la idea de la Thatcher (y que Blair disfrazó con la retórica de la tercera vía) y que ha convertido a Gran Bretaña en un país más desigual, dónde la pobreza infantil es de las más altas del mundo desarrollado (en muchas zonas comparables con la del Perú –en Cornwall, por ejemplo, la tasa de embarazo adolescente en tan alta como la de Lima), y la tasa de infección de SIDA ha subido (cuando ha caído en todo el resto de Europa). Este es un país más desigual de lo que era hace 50 años. Y hoy, Gordon Brown está pagando por los errores de la venta masiva de los recursos, los servicios y los bienes del Estado británico.

 

La oposición medioambientalista (y de la izquierda laborista tradicional, y de la derecha radical y de la conservadora, etc.) se opone no a los beneficios del mercado sino al abuso del mismo.

 

Un ejemplo. Los departamentos y casas ‘ociosos’ de la seguridad social se vendieron y de un día a otro los nuevos dueños, sin trabajos estables, los vendieron e iniciaron un boom de la propiedad que hoy se ha convertido en el talón de aquiles de la economía británica. Hoy es más difícil comprar una propiedad de lo que era antes de la reforma. Hoy hay más familias sin hogar (en serio, viviendo en moteles o en casa de amigos) que las que habían antes de las reformas.

 

García está tarde en su discurso. Es una lástima que no hayamos invertido en nuestra capacidad de aprender de los demás.

 

Y contra el petróleo, han creado la figura del nativo selvático 'no conectado'; es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo peruano debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose.

 

De hecho, el precio del petróleo sigue subiendo. Y mientras los gringos sigan con sus políticas exteriores invasivas seguirá subiendo. Pero igual sigue aumentando el mercado de las drogas –y no por eso promovemos la producción de cocaína. El petróleo no es la salvación. Más pata hoy pero sin Selva en el futuro. Sin pulmones. (Es como fumar hoy por la satisfacción de la nicotina para quedarnos sin poder respirar a la vejez.)

 

Hace unos meses fui a Abuja, en Nigeria, para un trabajo. Nigeria está llena de millonarios. El avión de Londres tiene más asientos de primera que de economía. ¿Qué les parece? Pero Nigeria, como ningún otro país (bueno, fácil Rusia), es uno de esos dónde los que tienen plata tienen algo que ocultar. ¿Y de dónde viene toda esa plata que se concentra en las manos de unos pocos? Del petróleo. Ah, y Nigeria es uno de esos países dónde a uno lo recogen del aeropuerto con guardaespaldas y que las compañías de seguros le piden a uno que les avise cuándo y a dónde va a ir (y le suben la prima). El petróleo ha sido la causa de una guerra que no tiene cuando acabar.

 

El problema, claro, no es el petróleo. Sino el mal manejo del recurso. Ha sido, puesto muy simplemente, la forma en la que los que tenían los recursos (y a los que García les vendería la selva) han explotado la tierra a costa de los que vivían ahí. Saquemos el petróleo, pero no antes de tener un plan nacional para que su explotación beneficie a todos y que este beneficio sea pro-pobre y un motor reductor de inequidades.

 

Un cuarto tema es el del mar; Japón tiene menos riqueza pesquera pero come cinco veces más pescado por año y por habitante que el Perú, porque ha desarrollado su maricultura. Pero aquí, cada vez que se quiere otorgar un lote de mar para que un inversionista ponga sus jaulas de crianza artificial, aumente la producción y cree trabajo, reaccionan los pescadores artesanales de la caleta cercana, que ven nacer una competencia más moderna y dicen que se está bloqueando su derecho al libre paso, que se contamina el mar y otros invocan lo sagrado del Mar de Grau, en vez de aceptar esta nueva actividad que podría generar cientos de miles de empleos.

 

Otra vez, el problema no es que se use el mar. El problema es que su uso le va a costar más a los más pobres. El mercado se encargará de despedir a los pescadores artesanales. De un día a otro. ¿Ha planeado, García, una forma de protegerlos? Y, sin ser románticos, no se trata de acomodarlos en nuevos trabajos. O en darles una pensión de por vida por sus molestias (eso es lo que hizo la Thatcher con los mineros y los invito a pasearse por las ciudades y pueblos fantasmas que esa movida dejo –prefiero perderme en el medio de la Victoria cualquier día). Si los pescadores artesanales pierden su identidad como tales, ciudades enteras (y no solamente los pescadores) les seguirán. Chimbote es como es por sus pescadores. (Lo mismo se aplica a las comunidades campesinas o nativas). El costo de la reforma va más allá de un simple cambio de chamba.

 

Pasar de ser dueños de nuestro tiempo a asalariados no es cosa de todos los días. Prepárense para la resistencia. No son robots los pescadores, al fin y al cabo. Son personas –seres humanos.

 

Además, el Perú tiene en la cordillera una riqueza enorme por las lluvias que caen sobre ella. Se calcula que anualmente caen 800 mil millones de metros cúbicos en la cordillera que bajan por los ríos hacia el Pacífico y el Atlántico. De lo que va al Pacífico aprovechamos una pequeña cantidad para agricultura y para la generación eléctrica, pero de lo que baja hacia el Atlántico a formar el Amazonas, no aprovechamos prácticamente nada.

 

De acuerdo con los estudios de las Naciones Unidas, esos 800 millones de metros cúbicos tienen sus días contados. En 50 años, cómo las cosas sigan como siguen, y como sigamos aprovechando a los ríos, la costa se secará y el Amazonas será casi un riachuelo. Los glaciales de la cordillera están desapareciendo a ritmos escandalosos. Pero García parece no haberse dado cuenta de lo que ha sido noticia media docena de veces en periódicos y noticiosos de Gran Bretaña en el último año.

 

El agua no es un recurso más, Sr. García. Es el recurso. Cuando se acabe nos acabamos. No se puede vender. Si hay un recurso que defender y que debe permanecer en propiedad del Estado, es este.

 

En quinto lugar, el propio trabajo humano no está puesto en valor para el que trabaja. El trabajo informal que es mayoritario, es un trabajo no incorporado a la economía ni a la legalidad; no tiene seguridad social porque no cotiza, no tiene pensión porque no aporta a ningún sistema, para darle valor a ese trabajo en beneficio a la persona, lo lógico sería un avance progresivo para que los empleados de la microempresa, que son millones, tengan en primer lugar los derechos fundamentales mínimos, seguro de salud, pensión y 8 horas.

 

De acuerdo, pero si el trabajo informal es mayoritario entonces este es justamente LA economía –y no al revés. Este año el Banco Mundial publicó un estudio sobre el sector informal en América Latina. Entre los varios mensajes del estudio se rescata que la informalidad depende del contexto en el que se ha desarrollado. Dicho en otras palabras, el sector informal peruano es distinto al sector formal nicaragüense. Tienen similitudes pero no son iguales. Las políticas que funcionan para ellos no necesariamente funcionan para nosotros. Igual sucede entre el sector formal y el informal.

 

No existe, además, un sector formal y OTRO informal. La informalidad se da en las relaciones que existen en las múltiples cadenas de valor en las que se ven involucradas las empresas y las personas. Las empresas más ‘formales’ están plagadas de relaciones informales –ya sea directamente o indirectamente a través de sus empleados y las relaciones que ellos y ellas tienen en sus negocios. El informal que depositas sus ahorros en un banco. El obrero de construcción civil que trabaja en el sector formal y en el informal. El congresista o el ministro que le paga a sus empleadas y choferes en efectivo. Etcétera.

 

El valor del trabajo es crucial. Tiene razón en este punto el Presidente García. Y lo lógico es un avance progresivo de los derechos fundamentales mínimos. Pero lo que falta es que se comprometa, el Sr. García, al cumplimiento de los derechos humanos totales, y para todos. Universales.

 

Como punto final podría añadir que tampoco se pone en valor el cerebro de nuestros alumnos e hijos.

 

Cierto. Invierta, entonces, en la educación. Mucho se habla del tema pero poco se hace. Es cierto que hay resistencia. Y que los gremios de profesores se han opuesto a algo que es, simplemente, lógico. Pero no hay que engañarnos. Este tema es la agenda. Educación, educación y educación, dijo Tony Blair en el 97. Y lo repitió durante los diez años que duró su mandato. En 1997, el gobierno invirtió £37 billones. En el 2007-08, se ha presupuestado £77 billones. Esto es equivalente al 5.6% del PBI. Son grandes números, estos. Nada que podamos alcanzar en nuestras vidas.

 

El verdadero cambio se dará cuando le demos importancia al conocimiento en el desarrollo del país. Esto va más allá de simples anuncios y discursos sobre competitividad. Otro dato desde Gran Bretaña (uso comparaciones británicas porque vivo acá y porque se me hace más fácil encontrar los datos): el presupuesto de los consejos de investigación llega a £2.8 billones al año.

 

Frente a la filosofía engañosa del perro del hortelano, la realidad nos dice que debemos poner en valor los recursos que no utilizamos y trabajar con más esfuerzo. Y también nos lo enseña la experiencia de los pueblos exitosos, los alemanes, los japoneses, los coreanos y muchos otros. Y esa es la apuesta del futuro, y lo único que nos hará progresar.

 

La experiencia de los pueblos exitosos debe enseñarnos mucho. Pero también que cada uno de ellos logro su desarrollo a su manera. No imitando a otros sino inventando sus propios caminos al desarrollo. El modelo alemán es distinto al japonés. El tailandés es distinto al coreano. El chino es distinto al de todos. El principal problema de África es que quiere imitar a Europa (al antiguo poder colonial). Los asiáticos, en cambio, siguen su propio futuro. Se ve claramente. Basta un viajecito por el sur este asiático y por África para darse cuenta que los primero son distintos a todos. Cada uno con su modelo de Estado, de sociedad, de economía.

 

Apostar por un futuro peruano nos hará progresar. No apostar por un futuro ajeno. Vamos Sr. García. Estos discursos son la oportunidad perfecta para cambiar el mundo. No perdamos el tiempo con narrativas pasadas y erradas.