Los últimos resultados muestran a Alan por delante de

Pero por otro lado, no está vacío. En los últimos años me he topado con realidades mucho más complejas que la peruana. Países que están al borde del fracaso, otros que son llamados, formalmente, Estado Fallidos. Países como Somalia, Afganistán, la República Democrática del Congo. Otros que se enfrentan a niveles de infección del VIH/SIDA de hasta 40%, afectando a 1 de cada tres miembros de la PEA. ¿Se imaginan eso? Otros países que viven guerras eternas como lo que sucede en el Norte de Uganda, o al conflicto en Ache en Indonesia, o las masacres en el Sudan occidental. Países que todavía permanecen bajo el control de otros, etc.
Entonces, yo sí veo el vaso medio lleno (o por lo menos medio vacío). Los procesos de desarrollo son lentos y nunca son iguales. Debemos dejar de soñar con ser como los europeos o los gringos. Tenemos que dejar de compararnos con sus gobiernos o sus sistemas políticos. Nos parecemos más a Bolivia, Argentina y Ecuador que a Francia, Suiza o Gran Bretaña. Tenemos más que aprender de Sudáfrica, India y Brasil.
Son momentos de elecciones así que no me voy a meter a los detalles de los procesos de desarrollo en esos países. Ya habrá la oportunidad cuando discutamos las políticas claves que deben ser el centro del debate para la segunda vuelta.
Otra razón por la que soy más optimista es porque, en mi trabajo, me ha tocado concentrarme más en el largo plazo que el en corto. En el largo plazo, el Perú ha sufrido: una dictadura, un gobierno populista inservible, una hiperinflación y exclusión del mercado internacional, el colapso del estado de derecho y un saqueo sin precedentes. Y después de todo esto, aquí estamos. (Algunos mejor, otros peor. Pero los que estaban mejor que todos al comienzo, están mejor que todos hoy.)
¿Qué podría pasar en un gobierno de Alan García? ¿Hiperinflación como la de los 80s? Bien difícil. ¿Estatización de la Banca? Lo dudo. ¿’Default’ de la deuda? Yo diría que la paguemos toda de una vez, nos ajustemos los pantalones un par de años y nos libramos de la soga al cuello; pero bueno. ¿Corrupción? Ya estamos acostumbrados –y más que lo se robó Fujimori, bien difícil porque no hay más que robarse. ¿Reforma laboral a favor del trabajador? ¿Mejores precios para los productores? Etc.
Nada terrible, en especial considerando que la mayoría de peruanos trabaja y produce. Pero sobre todo porque de aquí a la segunda vuelta las maniobras políticas no van a hacerse entre partidos ni entre candidatos y electorado sino en las oficinas de los Bancos de Inversión, con los analistas financieros, con los gremios empresariales y los medios de prensa.
Si seguimos pensando que el Perú no tiene salvación, sobretodo lo que trabajamos o estamos relacionados al sector que gobierna y produce, terminaremos condenándonos anticipadamente. Es una profecía autocumplida. De acá a la segunda vuelta preguntémonos, como dice Gonzalo Urbina, qué podemos hacer. Y en lugar de huir despavoridos, hagámoslo.




