Esta vez no se trata de su peso ni de los cada vez más caricaturescos cachetes del actual Presidente de nuestra República, no. Esta vez volvemos a recordar, algunos con algo de miedo y espasmos de angustia, el atormentante rostro del (otro) enemigo inflacionario de Alan García.

 

Ahora, resulta irónico que incluso siendo uno de los países con menor índice inflacionario de toda Latinoamérica (estatus que se ha mantenido a lo largo de los últimos 5 años, por lo menos), la gente esté preocupada ante un 4.8% de inflación anualizada. Sin embargo, dado el historial de nuestro inflado Presidente (que nos dejó de regalito 7 millones de inflación acumulada en su primer gobierno), es de esperar que más de uno, ante un leve incremento en la tendencia inflacionaria, reviva inexorables momentos de angustia y crea que nuevamente esteremos enfrentando una paria similar.

 

¿Qué ha cambiado? En realidad, mucho. Para empezar, debemos enfatizar el hecho de que efectivamente somos el país en la región con uno de los índices más bajos de inflación. Esto nos lleva a afirmar que no estamos (como en el año 87) ante una situación completamente endógena. Por otro lado, el BCR es ahora completamente independiente y por ende no recibe órdenes de imprimir plata para financiar capacidades expansivas, tal como sucedió en los ochentas.

 

¿Qué está pasando entonces? De todo un poco. Por un lado, tenemos inflación importada. Esto significa que incrementos de precios internacionales afectan el precio local (por ejemplo el elevadísimo precio del trigo afecta el costo del pan; el precio del petróleo afecta el costo de la gasolina, etc.). Por otro lado, un poco de mala suerte. Las fuertes lluvias en la sierra del país han imposibilitado el normal desarrollo del comercio y ante la escasez los precios tienden al alza.

 

Sin embargo, no todo es felicidad en el reino de la alegría y el Gobierno Central sí tiene algo de responsabilidad en esta espiral inflacionaria y va nada más y nada menos que por el excesivo gasto corriente que ha venido ejerciendo en los últimos años (que en Enero se incrementó nuevamente en un 20%). Este tipo de acciones ayudan a acelerar la (ya acelerada) economía, que es precisamente lo que NO necesitamos, ya que la demanda interna se está encargando de eso independientemente. Los incrementos en el gasto de gobierno deben ser contra-cíclicos y no promover un sobrecalentamiento.

 

Felizmente se están empezando a tomar las medidas (reducir tanto el impuesto selectivo a los combustibles como el arancel a la importación de alimentos) para que la economía vuelva al cauce regular de los últimos años pero esperamos que la cosa no quede ahí sino que efectivamente se mejore la calidad del gasto fiscal.

 

Al margen de los grandes factores exógenos, el Gobierno tiene que poner su casa en orden y no dejar que los peruanos (sobre todo los más necesitados) vuelvan a vivir con los fantasmas inflacionarios del pasado. Ojalá y la inflación del Presidente siga siendo sólo de su propio volumen.