Tiempo. Mucho tiempo. Y mucha plata. Demasiada plata. Y nada. Vacío. Discursos inspiradores y llenos de metáforas apoteósicas. Son unas obras de arte. Pero vacíos. No pueden ser nada más que eso porque el sistema premia al que aguata más tiempo – y si dicen mucho las posibilidades de error aumentan también.

 

Los discursos tienen el efecto deseado, sin embargo. No la apatía que desatan los discursos británicos, llenos de cifras y listas de actividades. Los discursos de Obama llenan la oficina en el 5to piso de 139 Fulton Street, en Nueva York. El centro de operaciones de la ...   more »