En medio del recuento oficial de los votos de la última elección presidencial y la consecuente atención mediática, un hecho pasó casi desapercibido en el acontecer nacional: se llevó a cabo el 12 de abril en Washington D.C. la firma del Tratado de Libre Comercio entre Perú y los Estados Unidos. Estuvieron el Embajador Rob Portman, Representante Comercial de los EE.UU. y Alfredo Ferrero, Ministro de Comercio Exterior y Turismo del Perú así como el mismo presidente Alejandro Toledo.

 

En pocas palabras, ¿qué significa esto para el país? Significa que las exportaciones exoneradas del pago de aranceles de nuestros productos al que es nuestro principal socio comercial están aseguradas en el tiempo y no dependerán nunca más de “evaluaciones” por parte de EE.UU. del cumplimiento del Perú, por ejemplo, en temas de lucha contra la falsificación y piratería, normas laborales, lucha contra las drogas, entre otros, condiciones incluidas en el contenido del texto del ATPA y en su sucesor el ATPDEA. Por otro lado, nos mantendrá competitivos frente a terceros países que ya tenían ingreso libre de aranceles al mercado estadounidense como por ejemplo los países de Centro América, Chile o México, países directamente competidores con el nuestro y nos hará más competitivos respecto de países que aún no poseen ingreso preferencial a dicho mercado. Finalmente, se argumenta que al establecer reglas claras que facilitan y promueven estabilidad en el largo plazo, se favorecerá la atracción de inversiones al sector extractivo, transformador y de servicios nacionales lo que en el mediano plazo contribuirá a generar más bienestar. 

 

Por un lado, esta firma del TLC con EE.UU concluye un episodio largo, complicado, penoso y lleno de altibajos pues después de aproximaciones tanto informales como formales donde se dio a conocer a EE.UU. de la voluntad del país de ir hacia un TLC que duraron de mediados del 2002 al 2004, las negociaciones oficiales comenzaron en mayo del 2004 y terminaron recién en diciembre del 2005. Por otro lado, a pesar de haber sido considerado por algunos como un acto protocolar y meramente para la foto, marca un punto importante y abre otro capítulo que sin dudas será igual o más complicado: la votación del texto del TLC en ambos Congresos, mecanismo sin el cuál no puede entrar en vigencia, como se prevé, el 1 de enero del 2007. 

 

Aquí es donde el horizonte no es tan prometedor e inclusive asusta en el sentido que tal vez, en el peor pero posible escenario, no se llegue nunca a tener un TLC con EE.UU. después de tanto esfuerzo humano y económico. Asumiendo que Lourdes Flores ya perdió las elecciones y siendo ella una de las que se había inclinado a respaldar el TLC, sólo queda Alan García que a pesar de un cierto respaldo muestra aún reticencias al mismo y habla de modificar algunas cláusulas, y ni que hablar de Ollanta Humala que hasta se le han escuchado declaraciones que desconocerá el TLC y que lo volverá a negociar. Inclusive llegó al extremo de indicar sólo minutos antes de la firma y estando ya todos en Washington D.C. que “aún se estaba a tiempo de parar la firma y evitar cometer tan grave error”.

 

¿Y qué se puede decir de nuestros padres de la Patria? He sido un testigo de primera mano de la activa participación “en el cuarto de al lado” de los actuales congresistas en todo el proceso de la negociación así que me inclino a pensar que sí están facultados para votar en contra o a favor del TLC y así evitar perder tiempo y politizar un tema meramente técnico, sobre todo si existe la decisión y voluntad de acompañar el TLC con todo un paquete de ayuda y compensaciones a los sectores llamados perdedores.

 

Finalmente y ligado a lo anterior, vale la pena resaltar la tarea –aunque tardía según mi punto de vista, por qué será que siempre se escucha más a los que se quejan que de los que se benefician?– de difusión del TLC emprendida por los empresarios nacionales como respuesta básicamente a la vasta campaña en contra y de rechazo al TLC que se viene desarrollando principalmente en las provincias del país. Era obvio que el MINCETUR y las demás instituciones públicas que participaron en la negociación no se daban abasto tanto en lo que concierne a capital humano como económico para dar a conocer los alcances, beneficios y ajustes que serán necesarios a raíz de la implementación del TLC. Por ello es importante que la posta la tome el sector privado pues ellos serán los principales beneficiarios de este acuerdo aunque habría que sugerirles una “difusión imparcial y real” de todo lo concerniente al TLC.

 

Esta oposición hace rato que sobrepasó la esfera nacional y ahora más que nunca se ha trasladado al nivel regional con las recientes declaraciones de Evo Morales llamando “traidor” a Alejandro Toledo por haber firmado el TLC con EE.UU. y de Hugo Chávez donde oficializa la salida de Venezuela de la Comunidad Andina, decisión que parece más un exabrupto o una rabieta –con señal incluida a los EE.UU.– que un serio análisis de las ventajas y desventajas de la participación de Venezuela en dicho foro. Estuve presente en la última reunión Comunidad Andina–Unión Europea aquí la semana pasada en Bruselas y fue realmente pésima la imagen proyectada por nuestros cinco países de llegar como bloque a la reunión previa al lanzamiento de las negociaciones en Viena el 12 y 13 de mayo y al momento literal de sentarse en la mesa enterarse que en Caracas se había tomado la decisión de alejarse de la CAN y, de paso, poner en riesgo otro acuerdo de libre comercio que puede traer muchos beneficios para la población de nuestros países. No queda más que estar pegados a las noticias estos días para ver cómo evolucionan estas fascinantes relaciones político-eco-comerciales y ver qué suerte correrá el TLC con los EE.UU.

 

Se puede encontrar más información en la página Web del MINCETUR donde inclusive se encuentran colgados los textos por capítulos temáticos y también en la página Web de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos.