Belaúnde
nos dejó al borde del abismo, y con García dimos un gran paso adelante. Un
salto al vacío cuyo fin valdría la pena hacerle recordar a todos los que le
dieron el segundo lugar en las elecciones del año 2001. Fujimori nos sacó del
hueco, nos hizo también entrar en recesión y finalmente el nunca bien ponderado
Toledo hizo lo que pudo para darnos un crecimiento sostenido de más de 4 años,
algo que no se lograba desde los tiempos de Odría.
Sin
embargo, el peruano promedio no está contento con esto. El peruano promedio se
siente defraudado por el capitalismo y siente que una persona del pueblo los
puede entender mejor y pelear por sus derechos (¿no era Toledo ya una persona
del pueblo?). Y es así como surge Humala. Y no surge uno, ni dos, sino tres.
Efectivamente, tres hermanos candidateando para la Presidencia del Perú, de los
cuales Ollanta es claramente el favorito, ocupando un peligroso (literalmente)
segundo lugar en las encuestas a nivel nacional. ¿Y por qué nos asusta tanto?
Precisamente por sus ideas retrógradas, las cuales llevarían al país, una vez
más, a retroceder 20 años como lo hicimos con Velazco, modelo y figura de
Ollanta, modelo que ya fracasó no sólo acá sino también en otros países. Y es
aquí que entran los verdaderos tres tristes tigres, este nuevo “triunvirato
Bolivariano” formado por Chavez, Morales y Humala. El primero gobernando en una
autocracia sin una clara diferenciación de los poderes del Estado, derrochando
la plata del petróleo y creando una sensación de bienestar, pero acumulando una
mayor cantidad de pobreza en su país (así es, irónicamente la pobreza ha
aumentado casi 10% en los último años en Venezuela). El segundo, apostando por
la plata del gas para seguir el modelo Chavista, retando al “imperialismo
yanqui” y condenando su pueblo al fracaso. El tercero, no con petróleo ni con
gas. Ni con plan de gobierno dicho sea de paso. Solo con la idea del
nacionalismo en un país que no tiene concepto de Nación, en un país en el cual
cualquiera puede llevar a la ruina todo lo avanzado y dejarnos nuevamente en
valores económicos de 1970.
Ahora,
¿quién le hace entender esto al pueblo? Lamentablemente la ignorancia es
atrevida y la minoría civilizada muchas veces no puede combatir a las masas. Cada
pueblo tiene los gobernantes que se merece. Ojalá el pueblo peruano entre en
razón y le dé la espalda a este tipo de ideas y de líderes, que dejen que el
Perú continúe con la senda de crecimiento que mal que bien nos ha dejado
Toledo.




