Idle
To be idle
To be an idler
Marcha lenta (Babelfish)
Ocioso (spanishdict)
Holgazán (wordreference)
Flojear, haranganear (Merriam-Webster)
Estar sin hacer nada parece ser la definición más cercana que encontré. Pero no hay una palabra. No hay una sola palabra que defina el concepto de idleness.
Puede que haya pero no la sé. O no la he usado antes. Es que el concepto me parece ajeno. Estar sin hacer nada. ¿Quién se pasa la vida sin hacer nada? Los flojos. Los holgazanes. Los que dejan la vida pasar. A los que se les pasan las oportunidades.
Estudiar, estudiar, trabajar, trabajar. La vida está para vivirla –estudiando y trabajando. Estudiando para trabajar. Estudiando economía o derecho. ¿Historia? ¿Literatura Latinoamericana? ¿Antropología? Una pérdida de tiempo. ¿En qué vas a trabajar? Estudiar para trabajar.
Trabajar para pagar. Para pagar comidas, empleadas, casas, carros, viajes. Trabajar más para pagar más.
No hay tiempo para estar sin hacer nada. Si no hacemos nada, no trabajamos y no ganamos y no pagamos. O para pagar hay que trabajar y para trabajar no se puede estar sin hacer nada.
Pero estar sin hacer nada no debe tener el estigma de la flojera. ¿Para qué trabajar más si podemos trabajar menos? ¿Para qué comprar y comprar? ¿Para qué acumular muebles y posesiones que nos mantienen atados al suelo?
¿Cómo medimos la libertad? Pregúntense esto. Si su compañero ideal de viaje les dijera ahora mismo que los invitan al viaje de sus vidas (imagínense el mejor viaje de sus vidas), ¿qué tan rápido podrían subirse a ese avión? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año? Este es el viaje de sus vidas. ¿Qué tan rápido pueden dejar su trabajo, sus deudas, sus rutinas?
Estar sin hacer nada es la verdadera libertad porque siempre es el viaje de sus vidas. Ir de un lado al otro.
Hace un poco más de un año se me ocurrió ir a Bali de vacaciones. Acabé en un hotelito en el lado este de la isla dónde no habían nadie. Yo, los dueños del hotel y uno que otro lugareño. Los días pasaban sin hacer nada. Mirando las olas reventar, por horas. Todas las formas. Todos los tamaños. Todos los colores. A las 8 de la mañana reventaban cerca de la orilla. A las 9 reventaban de izquierda a derecha. A las 10 reventaban a unos cien metros de la orilla. Al medio día el sol reventaba sobre las piedras negras de la playa y las tornaba blancas. A las 2 de la tarde las olas reventaban a unos doscientos metros de la orilla y dejaban salir a los botes en busca de turistas. A las 3 las olas ya no reventaban. El mar se cansaba y se tomaba un descanso por el resto del día. A esa hora podíamos caminar hasta unos doscientos metros desde la orilla con el agua hasta las rodillas. Las cabañas del hotelito y las casas del pueblo de pescadores desaparecían detrás del reflejo del sol que se ocultaba detrás de los cerros verdes de la isla. Cómo a las 5, la marea regresaba de a pocos y nos empujaba hacía la orilla. Sin prisa. El agua se enrojecía. Y en el cielo aparecía la luna.
Me pasé una semana entera sin hacer nada en una isla donde hay bares en la playa para que no haya que dejarla nunca.
Estar sin hacer nada está tan mal visto que llenamos las vacaciones de actividades. Viajes de esquí. Tours. Catas de vinos. Museos, museos, museos. Vamos al teatro. Discotecas, discotecas, discotecas. Una ruina. Otra ruina. Otra más. Nunca estamos sin hacer nada. Mirando a la gente pasar. Sentados en una banca en un parque. En un café en alguna esquina. Mirando a la gente pasar. Capturando los olores, los colores, las caras, los pasos, los movimientos de los brazos, las expresiones de apuro, de saber a donde van, de estar perdidos, las miradas.
¿Cuál es el apuro?
Estudiar, trabajar, morir.
Para una sociedad que siempre llega tarde estamos obsesionados con el tiempo. Con no perderlo. Llegamos tarde porque estamos pendientes del tiempo. No porque no le hagamos caso al tiempo y a las normas de etiqueta. Estamos concientes de la hora peruana. El tiempo es commodity que se tranza en el mercado. De 9 a 5. Alguien es dueño de tu tiempo. No pueden usar ese tiempo como mejor te plazca. No puedes ir a la playa de 9 a 5. No puedes tomarte tres horas de almuerzo. No puedes leer todo el periódico en tu escritorio, con un café para acompañarlo.
De 9 a 5 alguien más es dueño de nuestras vidas. Y de 8 a 2 o 3 alguien mas era dueño de nuestras vidas cuando entrábamos por las puertas del colegio. Estudiar para trabajar para pagar. Tomar control de nuestro tiempo es lo primero. Nada de relojes. Si no tenemos relojes no podemos desarrollar una noción del tiempo y nunca sabremos si estamos temprano o tarde. Un amigo mío no tiene un reloj. Se guía por lo que hace su enamorada. Si está apurada por la mañana debe ser la hora en la que tiene que salir. Si el tren llega a la estación debe ser la hora a la que llega el tren. Si su enamorada lo llama a preguntarle a qué hora va a salir de la biblioteca (está haciendo un PhD) debe ser hora de salir. Si ella se está secando el pelo con la secadora debe ser hora de apagar la tele y empezar a vestirse. Nunca lo he visto apurado, nervioso, cansado u ocupado.
En el Perú nos apuramos en todo. Queremos ser como Suiza y en el apuro terminamos pareciéndonos a Nueva Orleáns. No nos detuvimos a preguntarnos si los suizos están contentos con ser como ellos. TLCs, TLCs, TLCs. Más, más, más. Más comercio. Más crecimiento. Más productividad. Más competitividad. Más leyes. Más impuestos. Más empresas. Menos personas sin nada que hacer.
Las puntuales. La hora peruana le cuesta a las empresas. Le cuesta a los que piensan que los peruanos vamos a llegar a la hora. Dejémonos de pensar que somos ingleses y disfrutemos la espera. Sírvanse otro café. Miren por la ventana a la gente en la calle, las nubes, las azoteas o, si tienen suerte, al Pacifico. Disfruten ese momento en el que no tienen nada que hacer. Usémoslo para recargar las baterías.
Idle
To be idle
To be an idler




