-¿Qué te parece Lima? Ha cambiado, ¿no? Las cosas están mejor.
Esa ha sido la pregunta que me han hecho todo el tiempo en estas dos semanas en el Perú. Lima ha cambiado, desde mi punto de vista, sí.
Hay más restaurantes, hay más bares y discotecas. Lima se ha convertido en un centro gastronómico sin paralelos. Se nota un mayor ritmo de consumismo, de moda y de más y mejor diseño. Basta prender la TV para ver la diversidad de programas y eventos culturales y artísticos que no existían hace 5 años. Hasta la política parece más ordenada –más moderna –aunque yo creo que eso se debe a que los medios se han modernizado y es más fácil leerlos y entenderlos.
Hay muchas más construcción. Lima está llena de nuevos edificios, departamentos en venta y en alquiler. Las playas del sur se han llenado –no entra un alfiler en las playas de Asia y el boulevard es una mini Lima con su propio mini boom (y su propia barriada).
Las cosas han cambiado, no hay duda al respecto. Pero, ¿están mejor?
Hay más plata, entre otras razones porque los precios de los commodities que exportamos han crecido sostenidamente en los últimos años. La bolsa ha explotado y las ganancias se están gastando, en Lima sobretodo.
Pero nada ha cambiado, en serio. El crecimiento se da, principalmente en el sector servicios donde trabajan lo que tienen cierto nivel de capacidad; en commodities (que son sobre todo sectores intensivos en capital y/o tierra); y en algunos productos no tradicionales que, si bien tienen el potencial de incluir a ‘la mayoría’ aun no la incluyen. Los cambios que vemos son estéticos: hay más restaurantes y bares (pero la mitad de los restaurantes son de Gastón).
Y cuando la plata se acabe o deje de llenar nuestros bolsillos, seguramente dejaremos de ir a comer a la calle y los carteles de ‘Alquilo para el verano’ competirán con los granos de arena en las playas de Asia. El cambio es, por ahora, estético. Lo fundamental no se ha dado, todavía.
Pero hay indicios. Hay un reconocimiento que no podemos seguir creciendo sin una redistribución de la riqueza. Las mineras y el gobierno han firmado este acuerdo voluntario-obligatorio para ‘donar’ algo así como el 3% de sus utilidades (sujetas al alto nivel de precio de los commodities). Esto no cambia nada. Es un gesto caritativo. El gobierno busca impulsar Sierra Exportadora: que tiene un buen objetivo –alcanzar a los más excluidos- pero sigue la receta fallida del la Revolución Verde y el modernismo que asumía que un big-bang tecnológico y de dinero bastaría para revertir la situación en la que se encontraban los más pobres.
Y la descentralización avanza. Pero este es un proceso largo que debe alimentarse y cuidarse por mucho tiempo –teniéndoles paciencia a los gobiernos locales que por primera vez se enfrentan a la responsabilidad de gobernar.
La ley de ONGs es un retroceso en términos de madurez democrática. Aquí el cambio ha sido negativo. Estamos peor y no mejor.
Y durante mucho tiempo se ha ocultado la presencia de Sendero Luminoso en varias partes del País y la intransigencia de la política de lucha contra las drogas que no le hace ningún bien al Perú –castigando a los más vulnerables y alimentando el fuego y las divisiones entre lo rural y lo urbano.
Hablaba con un amigo sobre Madeinusa y nos preguntábamos si la película no era un perfecto ejemplo de este desarrollo estético. Queda claro que la película representa un nacimiento (¿renacimiento?) del cine en el Perú –con películas reconocidas a nivel mundial. Pero el contenido de la película demuestra que en realidad no hemos avanzado nada en lo que importa. Lima todavía mira al resto del Perú como a un mundo primitivo, alejado y que debe ser rescatado y salvado. No existe un interés, todavía, por entender –solo por extraer: nos encanta la comida novo-andina pero preparada en cocinas lindas de chefs con pedigrí. En Madeinusa, el personaje del limeño (nosotros) juzga y condena.
Lo mismo en Asia. La mini Lima tiene Wong y Ripley y otras tiendas y servicios. Se ve mejor que cuando era un desierto baldío y sólo estaba Santa Cruz en la carretera. Pero, ¿es eso desarrollo? Antes el plan de la noche era la fogata con los amigos en la playa. Ahora es la discoteca a los 14. ¿Estamos mejor porque el Internet nos acompaña a las vacaciones?
El problema puede ser que buscamos el desarrollo en los lugares equivocados. Cuando en los noventas se hablaba del desarrollo que se veía en el Perú se hablaba de McDonald’s y Burger King. Antes nos teníamos que contentar con Kentucky y Pizza Hut. Pero con la liberalización y la apertura entraron al Perú toda clase de restaurantes de comida basura. No estábamos mejor. Lo único que cambio fue que ahora comemos peor: las mismas porquerías que comen los gringos obesos.
Seguimos midiendo el desarrollo con el PBI. Como si fuese un indicador adecuado de desarrollo –es un indicador del crecimiento de la economía y nada más. Seguimos midiendo la pobreza en términos monetarios y absolutos. No se habla de necesidades básicas insatisfechas, derechos, empobrecimiento, inequidad, etc. Seguimos pensando que en la democracia la eficiencia es tan importante como en el mercado –pero, entonces, tampoco hemos entendido lo que es la democracia. Seguimos comiéndonos los mitos de los países desarrollados (datos: hay huelgas, los sistemas de salud y las pensiones en Estados Unidos son los peores del mundo desarrollado, hay pobreza, en partes de Inglaterra los niveles de embarazo adolescente son comparables con los del Perú, etc.).
The Economist ha sacado un especial sobre la felicidad como medida de bienestar o desarrollo. Este es un tema que se viene investigando hace un tiempo. Bangladesh, uno de los países más pobres y corruptos del mundo, sale entre los primeros –entre los más felices- todos los años. Pobreza y felicidad pueden convivir, después de todo. Pero no es cosa de ser pobres pero felices –como los pobres que son pobres pero honrados y que los terminan pisando los ricos pero miserables. Hay que encontrar el camino de ser más ricos y felices. De poder disfrutar de esos cambios que vemos por todos lados.
De nada vale seguir creciendo si solo los mismos se benefician del crecimiento. Eso no dura para siempre. Y de hecho, como ha confirmado el Banco Mundial en su estudio sobre Círculos Virtuosos y Viciosos, sin crecimiento no se reduce la pobreza, pero con pobreza e inequidad no se puede crecer lo suficiente para reducir la pobreza.
Lima tiene que cambiar un tanto más para que esté mejor.




