Matar por violar. Matar por robar. Matar por matar. Matar por producir coca. Matar por disparar el fusil. Matar por guardar las armas. Matar por dirigir la emboscada. Matar por matar. Matar por ser corrupto. Matar por contrabandear. Matar por estafar. Matar por matar. Matar por hablar. Matar por defender. Matar por oponerse. Matar por todo. Matar es la solución para todo de Alan García. Matar a las ONGs que le hacen pleito a su política expansiva de actividad minera. Matar a los monstruosos violadores de menores. Ahora García quiere matar a los terroristas.
Pero matar a los terroristas, como matar a los violadores, no soluciona el terrorismo –ni las violaciones. Los terroristas no son los monstruos que García y cia nos quieren vender (ni eran sus corruotas ONGs). El terrorista peruano de hoy no es el mismo del terrorista peruano de los 80s y 90s; ni es el terrorista musulmán del Medio Oriente; ni el supremasista blanco de Oklahoma. Lo que ha pasado esta última semana es una emboscada –terrible y condenable- pero solamente una emboscada y una que sucedió esta última semana. Debe ser juzgada como tal. No podemos sumarle a ese hecho la violencia acumulada de la arremetida senderista de las décadas pasadas; ni la imagen que nos han empujado desde Washington del terrorista malo y el Estado bueno. No solamente no son las mismas personas (estos nuevos senderistas estaban en el nido en esa época) sino que ese enfoque oculta algo que pocos quieres discutir –por lo menos no abiertamente.
El terrorismo no es la consecuencia de la maldad. Tampoco es la consecuencia de la pobreza únicamente (o por lo menos no hay relación directa y exclusiva entre pobreza y terrorismo -no hay terrorismo en Malawi). El terrorismo esta más relacionado a la frustración. La frustración que viene con ver como avanza el mundo y deja a los más vulnerables detrás. Querer a libertar o la independencia y no alcanzarla (ETA, IRA y el terrorismo en Palestina e Israel –acuérdense el terrorismo en el medio oriente empezó con grupos judíos (Sharon incluido) pero se ‘perfecciono’ con los palestinos). Pero la frustración es única de cada país y de cada espacio en cada país donde hay terrorismo. Las frustraciones aparecen solamente en algunos lugares. Y en algunos lugares, solo en algunos, se desatan en violencia.
La inequidad, la intolerancia, la impunidad pueden devenir en violencia. La falta de espacios de participación, que permitan ventilar sus frustraciones y demandas (por mas extrañas y exageradas que parezcan) lleva a la violencia. Es como en el fútbol y quienes lo critican. No es tan importante, dicen, esos fanáticos están locos. Pero, más allá de lo locos que estén, es importante. Porque si no lo fuera no estarían ahí, en la cola, en las gradas, en los partidos de ida y visita, en las derrotas y en las victorias. Las frustraciones, por más extrañas y exageradas que nos parezcan, si llevan a reacciones violentas, son, indudablemente, importantes.
Un debate adecuado sobre este tema se preguntaría por que es que en el Perú, que crece y crece, sigue habiendo ese tipo de frustraciones y de reclamos que devienen en violencia. Se preguntaría que es lo que sucede que no esta respondiendo a la demanda de estos grupos y minorías extremas.
Este es un debate que no solamente existe (o debe existir) en el Perú. Existe a nivel global; y en la batalla entre los que quieren entender y los que quieren disparar y seguir disparando están ganando los vaqueros. No creamos país ni mundo bombardeando o matando. Por cada soldado muerto que deja a una familia dolida muerta hay un senderista o terrorista o soldado de la resistencia iraquí muerto que deja a otra familia dolida. No hay un solo punto de vista. Ni hay una sola versión de los hechos. No hay una sola explicación o razón. Nos dividimos, como Chile -donde unos bailan mientras que los otros lloran.
La pena de muerte como solución oculta la complejidad de las relaciones y procesos que se dan en los valles cocaleros y en las columnas senderistas que han emboscado a nuestros soldados. Solucionar todo con bombardeos no deja ver los procesos históricos y complejos que existen donde quiera que haya violencia. No podemos matarlos a todos. Ni podemos solucionar la violencia con más violencia. Ya deberíamos haber aprendido esto.
El proceso de paz en Gran Bretaña ha funcionado (con sus altas y bajas) por una decisión del gobierno británico de no responder violentamente a la violencia e invertir en Irlanda del Norte (que es ahora una de los focos de desarrollo y de moda de la región). Sierra exportadora y el esfuerzo de llevar el crecimiento a los más pobres y excluidos es el camino indicado. Y nos deja, al final del día, con todos los peruanos vivos y productivos. García tiene discursos contradictorios. Por un lado extiende la mano y dice entender o querer entender esta complejidad e injusticia. Por otro, patea el tablero: no solamente con este tema de los terroristas sino también con el de la pena de muerte a los violadores y la ley de ONGs.
Matar por matar no es la respuesta, señor García. Y hasta que no nos preguntemos, realmente, que esta pasando en nuestro país, nos vamos a seguir matando. Y perdiendo el tiempo.




