De Soto se cuida las espaldas como cualquiera que quiere la Gloria pero aborrece el riesgo. No podemos culparlo. Sí o sí no es posible si solamente controlamos un lado de la balanza. El Perú puede firmar el TLC pero no puede obligar a Estados Unidos a firmarlo. Espero que la ironía no se pierda en nuestros políticos. Tanto apresurar el proceso, tanto insistir que era lo que había que hacer, tanto dejar que los gringos nos den coscorrones cuando nos demorábamos o reclamábamos y ahora son ellos los que no nos dan ni la hora.
Resulta claro que la prioridad para Estados Unidos es, por lo menos hasta fines de noviembre, las elecciones de medio término que se perfilan como un concurso de popularidad para Bush –de el que puede (podemos apostar) no salir bien parado. Y en un Congreso dominado por Demócratas la cosa no es la misma a como era antes.
Nada de esto podemos cambiar desde el Perú. Nada de esto puede afectar la Ministra Araoz ni el representante especial del Presidente. Escapa de sus manos. De Soto debe dejar de dar explicaciones y el gobierno debe dejar de prometer lo que no puede prometer. Ya no hay nada que hacer. No por ahora, por lo menos.
Ahora es momento de mirar hacia adelante. De concentrarnos en lo que podría venir. De ser aprobado el TLC tendremos que asegurarnos que lo que ya negociamos no nos cueste más de la cuenta. Pensemos, entonces en como proteger a los sectores que se verán más perjudicados. De no ser aprobado, habría que buscar algún otro modo de asegurar el acceso al mercado yanqui. Algún otro mercado habrá.
Ferrero Costa no gana nada diciendo que durante su gestión se priorizó el TLC. El Perú no gana nada escuchando esto. Ferrero Costa no se podría haber llevado la gloria de haber sido aprobado durante su gestión porque la decisión no habría sido suya sino de los gringos. Ahora que existe la posibilidad de que no se firme clama a los cuatro vientos lo que logró él. Ferrero Costa también se cuida las espaldas.
Habría que empezar a cuidarle las espaldas al Perú.




