“La cancelación de la deuda, así de simple, contiene la llave del futuro de Africa”. Así comienza el discurso de un grupo activista para Africa respecto del problema de la deuda en el continente. El argumento es simple: un sobre endeudamiento limita las posibilidades de desarrollo de un país pobre que debe usar gran proporción de sus recursos disponibles para el servicio de la deuda, en vez de invertirlos para alcanzar el desarrollo. La situación se torna aún más grave al tomar en cuenta que el sobre endeudamiento puede llevar a un entrampamiento en una espiral de ciclo de deuda.
En este sentido, la campaña “Make Povert History” tenía entre sus principales objetivos la cancelación de la deuda para los países pobres. Si bien los resultados no fueron los esperados por los activitas, hubo logros importantes: en julio del 2005 durante la cumbre de los G8 se acordó condonar el 100% de la deuda que tienen los países calificados como HIPCs con el Banco Mundial, el FMI y el Banco Africano de Desarrollo.
Los efectos no se han hecho esperar: en Tanzania se ha eliminado los pagos de pensiones escolares, en Mozambique se ha inmunizado medio millón de niños y en Uganda se ha duplicado el número de niños inscritos en primaria y se ha invertido en el plan nacional para el Sida logrando disminuir considerablemente las tasas de infectados.
¿En qué se puede beneficiar el Perú de esta experiencia?
El Perú no está considerado entre los países más pobres del mundo. En efecto, presenta indicadores macro económicos sólidos: 4.8% de crecimiento en el 2004, 7.1% a mayo del 2005 respecto del año anterior, un superávit en la cuenta corriente de 400 millones de dólares en el primer trimestre del 2005, 13,000 millones de dólares de RIN, entre otros.
Sin embargo, a semejanza del caso de los países africanos, una considerable porción de los recursos económicos del Perú está orientada al servicio de la deuda. Así, en los años 2003 y 2004, el pago de la deuda constituyó cerca del 3.7% del PBI, mientras que el gasto en salud representó el 1.52% y 1.33% del PBI, respectivamente. En los mismos años, educación y cultura constituyó el 3.1% y el 2.49% del PBI, respectivamente.
En el año 2001, el presupuesto en educación y cultura constituía 2.95% del PBI y 15% del presupuesto general, presentando una tendencia al alza y ello no fue suficiente para acortar la brecha en el gasto por alumno que existía respecto de otros países. Ese mismo año, el Perú ocupaba el último lugar en el gasto público por alumno por nivel de educación después de Paraguay en Sudamérica (1). En el 2003, la OECD y la UNESCO presentaron los resultados de un estudio sobre aptitudes verbales y matemáticas en los que el Perú obtuvo el último lugar en ambos (Ibid) . Actualmente, la inversión en educación constituye el 15% del Presupuesto General de la República, mientras que en la década de los 60, estaba por encima de 25%".
En el ámbito de la salud, tomando el año 2002 como referencia, (año en el que alcanzó un crecimiento económico de 4.2%), el Perú presentó la segunda tasa más alta de mortalidad materna (185,0 madres fallecidas de cada 100.000) en Sudamérica y el menor número de médicos de salud por cada mil habitantes (menos de 10) (Ibid). En el 2003, el Perú tenía la tercera tasa más alta de mortalidad de niños menores de 5 años de Sudamérica (36 de cada mil niños y 32 de cada mil niñas), después de Bolivia y Brasil.
“Si quieres un año de prosperidad, siembra árboles. Si quieres 100 años de prosperidad, cultiva gente” (Proverbio Chino). Resulta imperativo para el Perú aumentar los fondos destinados a los sectores de salud y educación así como lograr el uso eficiente y eficaz de los mismos. En la inversión en capital humano se encuentra la clave para lograr el desarrollo, “la necesidad de salud como requisito indispensable para el progreso de las naciones”. La educación mejora directamente el capital humano y el capital social, contribuyendo ambos con el desarrollo de las naciones (pp 46) e influyendo directamente en el aumento de la productividad y los salarios; así como mejorando el reflejo de indicadores sociales tales como mortalidad infantil y tasas de fecundidad (Ibid).
Tomando en cuenta la situación descrita, lo logrado en términos de cancelación de deuda en julio de este año resultaría más que relevante de aplicarse al caso del Perú. De no tener que pagar servicio de deuda externa el Perú contaría con cerca del 3.7% del PBI es decir, 2,529 millones de dólares en recursos disponibles para invertir en sectores críticos como lo son salud y educación. La decisión unilateral de no pago de la deuda no es una opción, quien aún lo dude puede remitirse a la evidencia existente acerca de las consecuencias de tales acciones en la economía de un país. Sin embargo, se podrían negociar alternativas como el canje de deuda por educación, el canje de deuda por salud, o el establecimiento de un sistema de incentivos y premios (ya que los castigos por no pagar están claros) en el que se “premie” a un país que es buen pagador con una reducción en los intereses a pagar o la condonación de parte de la deuda. Probablemente resulta inviable pedir una condonación de la deuda de 100% pero se puede empezar por un porcentaje de ello. Al liberarse dichos recursos, ellos podrían ser orientados a promover sectores críticos en nuestro país. Es de esperar que con más gente sana y educada, nuestro crecimiento y capacidad de pago serán mayores en el futuro. Dado que nuestra deuda es de largo plazo, está en el interés de nuestros acreedores que el Perú consolide su crecimiento y desarrollo. Por otro lado, hoy en día, las potencias mundiales están interesadas en promover el crecimiento en países desarrollados ya que ello implica el surgimiento de nuevos mercados con potenciales clientes futuros en el mediano plazo. En ese sentido, existe un incentivo claro para apoyar iniciativas que fomenten el desarrollo sostenido en las economías de los países en desarrollo.
No existe un mecanismo 100% seguro que garantice que los recursos liberados serán efectivamente utilizados en los sectores críticos para el país. Sin embargo una opción se da a través del canje de deuda, indicándose que los recursos liberados serán destinados para fines específicos. Por ejemplo, en el 2003, Ecuador presentó una propuesta al gobierno español para el canje de su deuda por inversión en desarrollo. La propuesta consideraba la creación de un instrumento para incentivar la inversión productiva de las remesas de los migrantes, la inversión socio educativa y la definición un órgano colegiado de gestión y decisión. Los recursos canjeados por la deuda se constituirían en un fondo y se crearía un consorcio para la dirección y gestión del mismo. El consorcio incluiría miembros de ambos gobiernos así como a las entidades sociales que promovieron la iniciativa y buscaría garantizar la justicia y las transparencia en el uso de los fondos (2).
Otro mecanismo, se daría a través de la demanda de rendición de cuentas de los ciudadanos al gobierno. La campaña de Transparencia fue un paso importante en esta dirección pero aún queda mucho por hacer. En este sentido, la participación de los ciudadanos a través, por ejemplo, de la demanda de información, el seguimiento y monitoreo serían esenciales para que el mecanismo funcione.
El 2005 es un año importante en la lucha contra la pobreza en el mundo, aunque decepcionantes para aquellos más ambiciosos, los avances logrados han sido importantes. Se ha demostrado que la sociedad civil y los movimientos pro-pobres pueden ser escuchados. El Perú, al igual que otros países en vías de desarrollo, tiene derecho a ser escuchado también. Es el turno de la población más favorecida y con acceso a educación y salud de primer nivel, la minoría en nuestro país, de levantar la voz por aquellos privados de estos dos derechos básicos y fundamentales para el desarrollo humano, buscando de este modo alternativas para lograr acortar las desigualdades sociales en nuestro país.
(1) ¿Los niños primero? Volumen II, Enrique Vásquez, Save The Children, Lima-Peru, 2004, 2004, pp 21, 23, 46, 47 y 66.
(2) Deuda Externa por Educación, Organización de Estados Iberoamericanos, 2005, http//www.oie.es/




